jueves, 25 de agosto de 2016

¿Cuál es la Verdad? Parte II

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LA VERDAD ABSOLUTA

La pregunta trascendental que deberíamos hacer cuando consideramos si realmente existe o no la verdad absoluta, es: ¿hay alguna evidencia de la existencia de la verdad absoluta?

La PRIMERA EVIDENCIA para la existencia de la verdad absoluta es apreciada en nuestra conciencia, la cual tiene un sentido del bien y del mal; además, hay valores universales que reconocemos y procuramos: el amor, la generosidad, la compasión, la paz, etc. De igual forma, la Biblia manifiesta que el papel de la conciencia es guiarnos a diferenciar el bien y el mal en relación con nuestras propias acciones (Rom. 2:14-16).

La moralidad es innata en el ser humano porque hace parte de su naturaleza. La moralidad es un sistema de conciencia y comportamiento en relación con el bien y el mal. Se puede hablar de estándares o principios morales que parten de una identidad y que implican la capacidad y la responsabilidad de realizar buenas y malas acciones.

La moralidad describe los principios que gobiernan nuestro comportamiento. Sin estos principios vigentes, las sociedades no sobrevivirían por mucho tiempo. En el mundo de hoy, la moralidad es frecuentemente asociada a tener un particular punto de vista religioso, pero por definición, vemos que éste no es el caso porque toda la gente se adhiere a algún tipo de identidad moral (sea una persona religiosa o no).

Se podría afirmar que la moralidad tiene 3 funciones esenciales en la vida humana: (1) ayudarnos a ser personas de bien, (2) asegurar justicia y armonía entre los individuos, para construir una sociedad más equitativa, y (3) mantenernos en una buena relación con Dios, nuestro Creador.

La gente más razonable concuerda con el Punto 2. Con el punto 1, sin embargo, ocurren muchos problemas. Considere la popular filosofía usada para excusar malas decisiones personales: "No estoy haciéndole daño a nadie, solo a mí mismo" ¿Cómo podemos ser personas de bien si persistimos en tomar malas decisiones? ¿Cómo no afectará esto al resto de nuestra sociedad? Definitivamente, las malas decisiones personales sí influyen de forma negativa en otros. No obstante, en el punto 3 es donde surgen los mayores desacuerdos porque cuando la gente no tiene un enfoque definido en su moralidad y adopta un relativismo moral donde Dios y sus mandamientos no son su prioridad, es más propensa a ser flexible ante las malas acciones (especialmente las propias) y entonces tiende a justificarse en diversos comportamientos incorrectos (decir una mentira, aparentar lo que no es, tener relaciones sexuales por fuera del matrimonio, hacer trampas en sus cuentas de gastos, no pagar sus impuestos, robar, consumir bebidas alcohólicas, usar drogas, parquear su vehículo en zonas prohibidas, transgredir las normas de tránsito, etc.).

La SEGUNDA EVIDENCIA para la existencia de la verdad absoluta es apreciada en la ciencia que es simplemente la búsqueda continua del conocimiento. Por lo tanto, todo estudio científico por necesidad debe estar fundamentado sobre la creencia de que hay realidades objetivas que existen en el mundo. Sin los absolutos, ¿qué sería del estudio científico? ¿Cómo se podría saber si los descubrimientos de la ciencia son reales y objetivos? De hecho, las mismas leyes de la ciencia deben estar fundadas en la certeza de la verdad absoluta.

La TERCERA EVIDENCIA para la existencia de la verdad absoluta es la inclinación del hombre hacia algo superior en busca de dar significado y definición a la vida. A partir de esta característica exclusiva del ser humano, han surgido muchas religiones en un intento de explicar el origen de todo, el propósito de la vida, el por qué del sufrimiento, la vida más allá de la muerte, etc. Este hecho expresa que el ser humano desea y busca algo más que la simple existencia porque detrás de todas las religiones hay una creencia fundamental de que debe haber algo más en la vida que la simple existencia física que ahora conocemos. A través de las religiones, la gente está buscando la seguridad y la esperanza para el futuro, el perdón de sus pecados, la paz en medio de las luchas, y las respuestas a nuestros más profundos cuestionamientos. Esto es una evidencia real de que el ser humano es mucho más que una especie animal altamente evolucionada porque en él hay un propósito más alto. En relación a esto, la Biblia señala a un Creador, con un propósito personal y determinado, quien implantó en el hombre el deseo de conocerlo a él. Y si de verdad hay un Creador, entonces él se convierte en la representación de la verdad absoluta, y es su autoridad la que establece esta verdad. Es más, el hecho de que la verdad absoluta existe, nos guía a la realidad de que hay un Dios todopoderoso, inteligente, soberano y creativo.

Ya que el relativismo carece de sentido (y esto ya se ha explicado de forma detallada), deben existir algunos absolutos fundamentales del bien y del mal, a pesar de las opiniones de una sociedad dada. Ya que existen desacuerdos entre las diferentes culturas, no podemos asumir que estas verdades son desarrolladas por un grupo particular de gente. De hecho, el único lugar lógico de origen de estos conceptos es algo más universal y al menos más fundamental que una cultura (tiene que provenir de una inteligencia superior y coherente y es Dios mismo).

Afortunadamente sí hay un Creador y él nos ha revelado su naturaleza y su verdad a través de su misma palabra que es la Biblia. Si queremos conocer la verdad absoluta y universal, la única manera de hacerlo es a través de una relación personal con Aquel que clamó ser la Verdad, Jesucristo (Jn. 14:6).

LA PERSPECTIVA DE LA BIBLIA

Lo que creemos acerca de Dios, la Biblia, el bien y el mal, la Creación, entre otros temas similares, tiene un marcado efecto sobre nuestro pensamiento moral y nuestro comportamiento. Sin la creencia en un Creador y en una ley moral que aplique a todos los seres humanos, la única opción que parece quedar es el adherirse a los estándares morales que establezcamos por nosotros mismos. A menos que vivamos en una sociedad dictatorial, somos libres de elegir nuestro propio código moral. Pero, ¿de dónde proviene esa libertad? Para quienes escogen el relativismo, la moralidad es una creación de la humanidad, diseñada para satisfacer las necesidades de las sociedades estables. Todas las especies vivientes están en un proceso de decisión entre la vida o la muerte, elegir qué hacer con el poder y/o la autoridad. Esto finalmente conlleva a un sistema de virtudes y valores. La pregunta es: ¿Qué pasa cuando nuestras decisiones entran en conflicto entre sí? ¿Qué pasa si algo que yo creo que necesito a fin de que mi vida continúe, tiene como consecuencia la muerte de otro o la mía? Si no tenemos un estándar absoluto de la verdad, el caos y el conflicto serán el resultado, si se nos deja por nuestra propia cuenta.

La moralidad afecta nuestras decisiones diarias, y esas decisiones están dictadas por nuestra conciencia. De hecho, la capacidad de diferenciar el bien y el mal es inherente a todo ser humano. Esto es lo que la Biblia enseña: “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Rom. 2:14, 15).

Por otro lado, el relativismo niega la existencia de un Dios de verdad absoluta que diseñó un estándar para diferenciar el bien y el mal. Además, con el relativismo finalmente no hay una autoridad humana o divina que decida si una acción es positiva o negativa, buena o mala, correcta o incorrecta. Sin embargo, la Biblia dice: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Is. 5:20). Así pues, las consecuencias de la tolerancia con el mal y del rechazo a las leyes de Dios siempre vendrán como un recordatorio divino de su desaprobación.

Definitivamente, la Biblia tiene la razón cuando dice:

“Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Pr. 16:25). 

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jer 17:9, 10).

Con el rechazo de Dios, la verdad absoluta está siendo abandonada. Nuestra sociedad pluralista quiere evitar la idea de que realmente existe un bien y un mal definidos. Esto se evidencia en nuestro sistema judicial deteriorado que tiene más y más problemas para castigar a los criminales de forma efectiva… en nuestros medios de entretenimiento que hacen una exaltación del mal y una burla del bien… en nuestros colegios que enseñan la tolerancia social hacia ciertas conductas que durante siglos han sido catalogadas como negativas, perjudiciales y destructivas. Además, el relativismo moral está fomentando en las personas el aceptar y adoptar el materialismo, la incredulidad, el ateísmo, la vanidad, la falsedad, la mentira, la deshonestidad, la hipocresía, la inmoralidad sexual, la pornografía, la homosexualidad, la infidelidad conyugal, la promiscuidad, el adulterio, la fornicación, la prostitución, el divorcio y el recasamiento, el consumo de drogas, el tabaquismo, el alcoholismo, el aborto, y una serie de pecados que antes fueron considerados como antivalores y que ahora están siendo aceptados como algo “normal” pero claramente están en contra de las leyes de Dios reveladas en la Biblia (Rom. 7:12).

Si alguien habla en contra de los relativismos morales y su filosofía de que “todo vale”, es señalado como un fanático intolerante; sin embargo, esto es hipocresía por parte de aquellos que profesan que todos los puntos de vista son válidos, rechazando aún a aquellos que profesan los absolutos en la moralidad. Para los relativistas morales parece ser que lo único válido es su posición pero quien enseñe absolutos morales, un Dios absoluto, o lo absoluto de lo correcto y de lo equivocado, está condenado a la ignorancia, a la represión, al escarnio público y al aislamiento social.

El pararse al borde de un precipicio nos da una buena perspectiva del terreno abajo pero dar un paso hacia el precipicio, como lo hace el relativismo moral y cultural, es simplemente desastroso y estamos viendo las fatales consecuencias en la sociedad de hoy porque los antivalores han tomado cada vez más fuerza en las nuevas generaciones (los niños y jóvenes que se están levantando).

Contrario al relativismo, la Biblia dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2).

El principio divino establece que no debemos tratar de imitar al mundo en sus pensamientos o modos de entender la vida; antes bien, debemos transformarnos a la medida de la voluntad de Dios, revelada en la Biblia y comprobada en la experiencia diaria del creyente que camina con Dios, para luego promover una transformación en otros y en el mundo.

“para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

Tristemente, la tendencia del mundo y de muchos llamados creyentes es tratar de darle gusto a la gente y la estrategia más usada es el relativismo moral pero quien usa la Biblia como guía moral es tildado de anticuado, fanático, legalista, poco evolucionado, tradicionalista, obsoleto y cerrado.

Dios no quiere personas que acomodan la Palabra y sus enseñanzas de acuerdo a los tiempos que viven o a la cultura corrupta de este mundo; por el contrario, Dios quiere que vivamos de acuerdo a sus verdades absolutas.

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31, 32).

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Heb. 4:12, 13).

Dios es absoluto y sus enseñanzas también lo son; él no cambia y permanece fiel en la verdad (Mal. 3:6; Heb. 13:8).

PARA REFLEXIONAR

- Resulta fácil ver que las bases de la civilización moderna no fueron construidas sobre una filosofía de relativismo moral. El mismo acto de aprobar una ley y de hacerla cumplir sugiere un estándar fijo al que todo el mundo debe adherirse. Además, todas las leyes humanas involucran algunos principios que se hacen cumplir por sanciones y consecuencias. Los límites de velocidad se hacen cumplir en la mayoría de las carreteras, debido a una convicción moral de que arriesgar las vidas de otras personas es incorrecto. Lo mismo es cierto para los asesinatos, robos, falsos testimonios, fraudes, y toda clase de delitos. Sin embargo, cuando el relativismo moral se vuelve dominante, los principios morales legítimos no son ya las bases de esas leyes. Ya que todo es relativo, entonces estas leyes son solo una cuestión de opinión, y la única razón universal para seguirlas es evadir las consecuencias. Esto estimula a las personas a buscar formas de "salirse con la suya"; después de todo, es solo la opinión de uno en contra de alguien más.
- Hasta en una sociedad que opera bajo las leyes, cortar la conexión entre esas leyes y un estándar objetivo de la verdad lleva a la ruina moral. Por ende, el relativismo moral hace a la sociedad inestable, ya que los conceptos del bien y del mal de pronto se convierten en una cuestión de cambiar la opinión popular. El peor resultado posible de tal condición es el dictador: un gobernante que abusa de un cambio temporal en la opinión popular para obtener el control, pero no reconoce ninguna autoridad superior a la suya, y ninguna ley más válida que la suya. Otro ejemplo es el siguiente: durante los juicios de Nuremberg, después de la Segunda Guerra Mundial, el problema lógico del relativismo se hizo aparente. Los defensores de los nazis continuamente pedían su exoneración, alegando que solo estaban cumpliendo las leyes de su país. Finalmente, un juez preguntó frustrado: "pero, ¿no hay una ley superior a nuestra ley?" Un relativista moral estaría obligado a contestar que "no".
- El relativismo moral en sí es autodestructivo. Lógicamente, debe existir algún estándar con el cual comparar dos afirmaciones morales diferentes para determinar cuál es la "correcta". Elementalmente, los relativistas morales niegan la existencia de tal estándar, y por ello alegan que tales comparaciones son imposibles. Esto ocasiona el problema práctico más grande del relativismo, como se mencionó antes: es difícil, si no imposible, sancionar cualquier acción desde una posición de relativismo moral.
- En el mejor de los casos, una vez que lo correcto y lo incorrecto son relegados a cuestiones de opinión, o son puramente subjetivos, cualquier conversación de moralidad se vuelve innecesaria e inútil.
- A pesar es todo esto, Dios ha dejado en la Biblia un estándar definido del bien y del mal y lo encontramos en sus leyes y mandamientos, los cuales fomentan el bienestar del corazón, de la familia y de la sociedad, teniendo como prioridad honrar a Dios por encima de todo (Sal. 119:1-16).

miércoles, 24 de agosto de 2016

¿Cuál es la Verdad? Parte I

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a. Relativismo moral

En el siglo XIX, el filósofo Federico Hegel planteó que todos los seres humanos estamos siendo empujados a vivir bajo normas que otros nos han fijado de lo bueno y lo malo. Para él, la religión se ha dedicado a definir la conducta de cómo debemos vivir, qué debemos pensar y cómo tenemos que actuar, pero Hegel afirmó que no debe haber absolutos morales porque no existe una norma fija para la moral. Del planteamiento de este hombre surge lo que a principios del siglo XX se llamó la Ética Relativa o Situacional que quiere decir que nada es malo, ni nada es bueno (todo depende).

El relativismo es la posición filosófica de que todos los puntos de vista son igualmente válidos, y de que toda la verdad es relativa al individuo y a la cultura; por este motivo, ninguna opinión de "lo bueno y lo malo" es realmente mejor que otra. Así pues, no existe ningún estándar definitivo del bien y del mal, y cualquier juicio acerca del bien y del mal es puramente un producto de las preferencias, de la persona, de su entorno y de la sociedad. Por lo tanto, cualquier opinión sobre moralidad o ética está sujeta a la perspectiva cultural de cada persona y es variable. Esto significa que todas las posiciones morales, todos los sistemas religiosos, todas las formas de arte, todos los movimientos políticos, etc., son verdades relativas y subjetivas; por ende, ningún sistema de verdad es más válido que otro, y no existe ningún estándar objetivo de verdad.

Una sociedad que abrace la idea de que no existe ningún "bien" o "mal" definitivo, pierde la habilidad para juzgar objetivamente. En esa condición, la "tolerancia" ha pasado a implicar el apoyo incondicional y consentimiento con todas las opiniones o estilos de vida. Sin embargo, aquellos que eligen ser "intolerantes" no son apoyados ni admitidos. La tolerancia, por lo tanto, se convierte en un "bien absoluto" por sí mismo, lo cual contradice la idea entera del relativismo. De la misma manera, crímenes atroces como violaciones y asesinatos demandan un juicio moral pero el relativismo cultural no puede decir que tales cosas son siempre malas.

¿Puedes imaginarte el desconcierto que habría si no existieran los absolutos en la realidad humana? Toma por ejemplo, la ley de la gravedad. Si ésta no fuera un absoluto, unas veces tú podrías dar un paso y terminar a kilómetros en el cielo, y la siguiente ocasión, no podrías mover tu cuerpo. Piensa acerca de la confusión que ocasionaría si los números no tuvieran valores absolutos; por ejemplo 2 + 2 ya no siempre sería igual a cuatro. Si no existieran las verdades absolutas, el mundo sería un caos; no habría leyes en la ciencia, todo carecería de significado y no habría normas para medir lo que está bien o lo que está mal. Qué desorden habría, pero afortunadamente sí existe la verdad absoluta y ésta puede ser encontrada y entendida.

Obviamente, existe un relativismo lógico en cuestión de percepciones, opiniones, costumbres, hábitos y vivencias personales que no tienen que ver con la moral (que es la capacidad de diferenciar el bien y el mal). La perspectiva es importante para nuestro entendimiento de la historia, la psicología, y la política, ya que nos puede ayudar a entender por qué ciertas acciones son consideradas como buenas o malas por una cultura en particular. Por ejemplo, una sociedad antigua puede haber considerado el teñirse el pelo de verde como una ofensa reprochable. La mayoría de las sociedades encontrarían esto extraño; aún así, una perspectiva cultural nos podría decir más: si descubriéramos que el cabello de color verde fuera una señal de una prostituta en una comunidad particular, entenderíamos que no era el color del cabello en sí, sino la prostitución lo que verdaderamente era considerado "malo". Sin embargo, el problema de cambiarse de la perspectiva cultural al relativismo cultural es la contradicción del razonamiento que se plantea. Lamentablemente, en vez de decir: "Necesitamos entender la moralidad de otras culturas", dice: "no podemos juzgar la moralidad de otras culturas", sin importar las razones de sus acciones. En ese caso, ya no existe ninguna perspectiva, y se hace literalmente imposible debatir si algo que una cultura promueva o haga está bien o mal. Al practicar un relativismo cultural estricto, no es posible decir que los sacrificios humanos son "malos" o que el respeto por los ancianos es "bueno"; después de todo, “solo son productos de la cultura” pero la contradicción del relativismo cultural se hace inmediatamente visible en todas las áreas del conocimiento humano.

Desafortunadamente, la filosofía del relativismo es dominante en el mundo moderno y es una posición ampliamente admitida. Palabras como "pluralismo," "tolerancia," y "aceptación" han tomado nuevos significados, a medida que los límites de nuestra "cultura" se han expandido. La manera acomodada en que la sociedad moderna define estas ideas ha hecho posible que casi todo sea justificado sobre la base del "relativismo". La sombrilla del "relativismo" cubre una amplia gama de ideas, todas las cuales introducen inestabilidad e incertidumbre en áreas que eran consideradas previamente como resueltas en la definición del bien y del mal.

Si hacemos un análisis de las definiciones de los diccionarios acerca de la palabra VERDAD, una afirmación es verdad cuando corresponde con la realidad; es decir, una afirmación es verdad si coincide con la manera en que el mundo es realmente. Esta es la definición común de la verdad pero cuando se trata de verdad moral hay gente que busca cambiar la definición porque tienen intereses particulares en juego.

UNA ILUSTRACIÓN

¿Cuál es el mejor sabor de helado? La afirmación: "El helado de chocolate es delicioso" puede ser verdadera para mí, pero falsa para usted porque es una afirmación subjetiva de la verdad. Esta afirmación no tiene que ver realmente con el helado, sino conmigo: el sujeto. Está claro que hay verdades subjetivas porque son personales, privadas e individuales y no son aplicables universalmente.

¿Qué ocurriría si dijera: "El helado de mantequilla de cacahuetes con chocolate es beneficioso para la diabetes"? ¿Puede ser esto verdadero para usted, pero no para mí? No, porque en el ámbito de la ciencia, la medicina y la lógica, estos ingredientes no son beneficiosos para la diabetes (por el contrario, pueden ocasionar trastornos en la salud de quien padece esta enfermedad). Esto es una verdad objetiva, una realidad que descubrimos en el mundo externo y que no podemos cambiar según nuestros sentimientos porque en este aspecto no hay verdades subjetivas; los hechos objetivos son lo que son, sin importar lo que sentimos o pensamos de ellos.

Entonces, ¿es subjetiva la moralidad (como la preferencia de un helado) o es objetiva (como la realidad de la diabetes)? ¿Creamos la verdad moral o la descubrimos?

Como se ha explicado, la premisa del relativismo moral es que las verdades morales dependen del individuo o grupo que las sostienen; no existen absolutos morales, ni bien ni mal éticos objetivos porque la moralidad es subjetiva (como las preferencias del sabor de los helados). Por el contrario, el absolutismo moral sostiene que una regla moral es verdadera a pesar de que nadie la crea (así como la insulina controla la diabetes, ya sea que alguien lo sepa o no, lo acepte o no, esté de acuerdo o no). La moral no puede ser creada por convicción personal, ni tampoco desaparece cuando un individuo o cultura la rechaza porque las reglas éticas son objetivas y se cumplen universalmente en todos los casos semejantes.

El relativismo moral degrada la vida humana. Cuando la moral es reducida a preferencias personales, la gente cambia la pregunta: "¿Qué es bueno?" por la pregunta del placer: "¿qué se siente bien?". En lugar de basar las decisiones en "lo que es correcto", las decisiones están basadas en el interés propio y se pueden acomodar a cualquier acto incorrecto. Cuando gobierna el interés propio, esto tiene un impacto profundo en la conducta, especialmente en cómo tratamos a otros seres humanos.

Con el relativismo moral, cualquier cosa está bien. La moral objetiva es reemplazada por la mentalidad de “cualquier cosa está bien, siempre y cuando a alguien le guste”. En otras palabras, “nada al final es malo si usted puede salirse con la suya”.

PROBLEMAS POR RESOLVER

PRIMERO: según el relativismo, nadie puede acceder a la verdad porque no hay verdades absolutas pero, en la práctica, esta simple proposición pretende ser una verdad absoluta y se contradice a sí misma. Si toda moral es igual, entonces ¿por qué tener una postura moral en contra del mal? ¿Por qué defender lo que creo correcto si toda la moral es subjetiva y personal? Por consiguiente, el relativismo en general fracasa cuando es examinado desde una perspectiva puramente lógica porque es contradictorio y absurdo.

SEGUNDO: el relativismo moral no se puede llevar a la práctica. Muchos de nosotros estamos dispuestos a ser relativistas morales cuando es "conveniente" pero tan pronto alguien intenta robarnos lo nuestro o matarnos, rápidamente nos volvemos absolutistas morales al apelar a la justicia. Por lo tanto, si no hay criterios absolutos ni una verdad absoluta y todas las cosas son relativas, entonces el robar es tan bueno como el no robar… el matar a otro ser humano es tan correcto como el no matar a nadie… la crueldad es igual a la ausencia de ella.

¡Qué resultados tan desastrosos tenemos al negar las verdades absolutas! porque si no hay verdades absolutas, entonces realmente nadie puede decir “tú deberías hacer eso”, o “tú no deberías hacer eso”. Si no hay una verdad absoluta, entonces el mismo gobierno no puede imponer leyes a la sociedad. ¿Puedes ver la contradicción y el conflicto que causa esto? Sería un caos total si cada persona hace lo que está bien en su propia opinión. Si no hay una verdad absoluta, y ningún criterio del bien y del mal por el que debamos rendir cuentas, entonces jamás podremos estar seguros de nada. La gente estaría libre para hacer todo lo que quisiera: matar, robar, mentir, engañar, violar, secuestrar, etc. (y nadie podría decir que esas cosas están mal). No podría haber gobiernos ni leyes ni justicia. Un mundo sin absolutos sería un “absoluto” desorden.

Sabemos lo que la gente cree, no por lo que dicen o hacen, sino por cómo quieren ser tratados. Si alguien dice que no cree en la justicia, cuélesele delante en la fila y verá cómo salta a la vista el sentido innato de la justicia que hay en todo ser humano.

Si no hay tal cosa como la verdad absoluta, entonces finalmente no hay nada correcto o incorrecto en ningún aspecto. Lo que puede ser “bueno para ti” no significa que sea “bueno para mí”. Mientras que superficialmente este tipo de relativismo parece ser muy atractivo, si es tomado en su conclusión lógica, pronto prueba ser desastroso. Solo considera por un momento si cada quien estableciera sus propias reglas para vivir e hiciera lo que piense que es correcto. Por ejemplo, ¿qué sucedería si para mí “está bien” el ignorar la luz de los semáforos, aún cuando esté en rojo? De esta manera, pongo en riesgo la vida de otros.

Todos hemos oído la frase favorita del relativista moral: "¿Quién eres tú para juzgar?". Ahora analice la respuesta contundente de un absolutista moral: "Ciertamente, tengo el derecho de hacer juicios morales. Soy una persona racional que está consciente de ciertos principios fundamentales del razonamiento lógico y moral. Pienso que estoy calificado. ¿A quién preferiría usted como juez? ¿A los animales? Su afirmación de que yo no tengo derecho de hacer juicios morales es en sí un juicio hacia mí. Su afirmación, por lo tanto, se auto-refuta y es completamente contradictoria”.

Cualquiera que diga que usted no debe juzgar, ya ha hecho un juicio moral acerca de usted, es decir, que usted está equivocado por juzgar a otros. La próxima vez que alguien diga: "¿Quién eres tú para juzgar?" usted puede contestar preguntando: "¿Quién eres tú para preguntar 'quién eres tú para juzgar"? Si alguien dice: "No se deben hacer juicios morales", hágale esta sencilla pregunta: "¿Es esa tu moralidad? Si es así, entonces ¿por qué me estás imponiendo tu versión de verdad moral si todo es relativo?"

En la práctica, el relativismo cultural no puede sobrepasar los límites de la lógica y tampoco puede invalidar el sentido de la moralidad inherente a la humanidad. Instintivamente sabemos que algunas cosas son malas, así que los relativistas culturales intentan torcer sus filosofías para acomodarlas a esa necesidad. Por ejemplo, decir que algunos valores son "mejores" (aunque no sean "los mejores") aún implica que algunos estándares absolutos están siendo utilizados para hacer ese juicio. ¿Cómo sabe usted qué nube está más alta, a menos que sepa cuál dirección es arriba? El decir firmemente que algo está siempre equivocado es rechazar el relativismo mismo. Al final, aquellos que insisten en aferrarse al relativismo cultural deben deshacerse de la lógica porque no hay espacio para ambos. Es literalmente imposible para una persona el creer racionalmente que no hay absolutos morales y al mismo tiempo practicar su creencia.

TERCERO: otro de los problemas con la negación de la verdad absoluta o universal es el hecho de que todos los seres humanos tenemos un conocimiento limitado y una mente finita, y lógicamente no tenemos la facultad por nosotros mismos de hacer declaraciones de negativos absolutos. Por ejemplo, una persona no tiene la facultad ni la autoridad para decir que Dios no existe (aunque muchos lo hacen), porque para decir eso, ellos necesitarían tener un conocimiento absoluto del universo entero de principio a fin. Cuando la gente dice que no hay Dios o que no hay una verdad absoluta (lo que apunta hacia lo mismo), si quieren ser objetivos y racionales, lo que deberían decir más bien es “con el limitado conocimiento que tengo, no creo que haya un Dios” o “con el limitado conocimiento que tengo, no creo que exista alguna cosa que sea una verdad absoluta”; esto sería lo más sensato para no hacer afirmaciones incongruentes y sin evidencias claras.

CUARTO: los relativistas morales y las culturas que promueven esta filosofía no pueden mejorar su moral; lo único que pueden hacer es cambiarla. Piense en lo que significa mejorar algo: “hacerse más excelente en algo” pero esto requiere de un estándar externo de comparación. Mejorar el código moral de una sociedad implica que la sociedad cambie sus leyes y valores a semejanza de los de un ideal externo. Si tal estándar no existe, entonces no es posible que el nuevo estándar sea mejor que el original; solo pueden ser diferentes. Una sociedad puede abolir el racismo a favor de la igualdad… puede proporcionar igualdad de derechos para las mujeres… puede garantizar la libertad de expresión y de prensa… pero según el relativismo moral, éstos son simples cambios, no mejoras.

QUINTO: el relativismo moral padece de lo que se conoce como el dilema del reformador. Si el relativismo moral está en lo cierto, entonces las sociedades no pueden tener reformadores morales porque ellos promueven la necesidad de reforma y mejoramiento en el aspecto moral. Por ejemplo: Corrie Ten Boom arriesgó su vida para salvar a judíos durante el Holocausto Nazi, William Wilberforce persiguió la abolición de la esclavitud a finales del siglo XVIII, Martin Luther King Jr. luchó a favor de los derechos civiles en los Estados Unidos y la lista continúa en todos los tiempos de la historia. Si el relativismo moral está en lo cierto, entonces estos reformadores no le aportaron algo útil a la sociedad de su tiempo.

Tome en cuenta lo siguiente: cuando una sociedad adopta el relativismo como su guía de desarrollo, entonces un reformador moral será considerado una persona irracional, incoherente y peligrosa para los planes de algunos (políticos, religiosos, intelectuales, negociantes, etc.) que procuran mantener un código moral acomodado a sus intereses. No obstante, tal mentalidad es defectuosa porque al leer la historia y las reformas sociales relevantes en temas de moral y conducta social, somos testigos de que han tenido lugar verdaderos avances en la búsqueda de una moral objetiva y universal.

SEXTO: los relativistas morales no pueden quejarse del problema del mal, el cual es una de las objeciones más comúnmente citadas en contra de la existencia de Dios. Algunos de los más reconocidos ateos (Bertrand Russell, David Hume, H.G. Wells) concluyeron, basándose en “su interpretación” del mal y del sufrimiento en el mundo, que no hay un Dios, debido al genocidio, al abuso infantil, a los terroristas suicidas, al hambre, a las injusticias, a todos los actos perversos de la gente, etc. El argumento común es que si Dios fuera completamente bueno y todopoderoso, no permitiría que el mal ocurriera. Por tanto, como el mal existe, Dios no debe existir. La fuerza de esta conclusión proviene del hecho de que el mal moral es real y que algunas cosas son objetivamente malas. Sin embargo, si comprendemos bien la naturaleza del mal, tenemos que afirmar que el mal es la perversión del bien. Entonces, el bien puede existir sin el mal pero el mal no puede existir sin el bien; puede existir lo bueno sin lo malo, pero no lo malo (a menos de que exista primero lo bueno). Si la moral (la capacidad de diferenciar el bien y el mal) es en última instancia un asunto de preferencia personal (como el sabor del helado), desaparece el argumento en contra de la existencia de Dios basado en la existencia del mal porque el mal supuestamente es relativo. Si el mal es real, entonces también lo es el bien absoluto, lo que quiere decir que el relativismo moral es incongruente, irracional, falso y no puede ser demostrado, porque la naturaleza de Dios tiene que ser coherente con el bien y sus leyes deben siempre reflejar un rechazo al mal, promoviendo valores y verdades absolutas a favor del bien.

lunes, 15 de agosto de 2016

Las preguntas más importantes Parte II



c. ¿Cuál es el Dios verdadero?

Ya se ha planteado el tema de la existencia de Dios como base para entender quiénes somos y cuál es el propósito de nuestra vida y luego se ampliará de forma más específica cuáles son las evidencias observables que podemos percibir en la naturaleza y en el hombre para comprobar mejor su naturaleza.

En la historia y en la gran mayoría de las civilizaciones y culturas, la gente ha tenido la tendencia a reconocer un ser superior o varios dioses; ahora bien, ¿cuál es el Dios verdadero y cómo reconocerlo? ¿Será el concepto de Dios o de un ser superior el fruto de la mente humana? ¿De tantos libros considerados sagrados se puede tener alguna certeza si alguno es verdadero y congruente con la realidad humana? ¿Quién tiene la razón y quién está equivocado? ¿Todas las creencias son validas?

Dioses y diosas han sido adorados en toda la historia y como se dijo anteriormente, existe una fuerte inclinación del ser humano a buscar, reconocer, adorar y obedecer a un ser superior; de hecho, muchas religiones antiguas surgieron como resultado de este fenómeno. No obstante, en la Biblia se menciona siempre al único Dios como el ser supremo que merece toda adoración, fidelidad y obediencia; de hecho, Jesús habla del Dios único (Jn. 5:44). De igual forma, el apostol Pablo dice: “al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos” (1 Tim. 1:17).

En contraste con el único Dios, la Biblia también refiere la invención humana de múltiples dioses en diferentes pueblos, naciones y culturas pero siempre amonesta a los hombres a adorar al único Dios y a rechazar la adoración a criaturas, a objetos o a imágenes de todo tipo que les atribuyen poder o carácter divino (Éx. 20:3; 23:13, 24; Dt. 4:28; 12:3, 30); obviamente, este mandato divino incluye la prohibición de fabricar dioses de cualquier material (Éx. 20:23; 32:1-4, 8; Lv. 19:4). Precisamente, en la Biblia sabemos que Dios escogió al pueblo de Israel para revelar su nombre y enseñarles sus mandamientos y estatutos (Dt. 4:7). Lamentablemente, la nación de Israel no guardó el pacto que hizo con Dios, se volvió idólatra y vinieron sus juicios contra ellos; muchos fueron dispersados de la tierra que Dios les había dado y otros murieron a manos de las naciones vecinas (Dt. 4:23-28; 8:19; 28:64; 32:16-21). Históricamente sabemos que Dios restauró a la nación de Israel y muchos volvieron a su tierra pero siglos más tarde el Hijo de Dios vino en forma de hombre para traer el evangelio y revelar el plan de salvación para Israel y para toda la humanidad, dando a conocer al Dios verdadero (Jn. 1:18; 14:6; 17:3). Su venida partió la historia en dos porque él demostró su perfección con su vida de obediencia al Padre, y demostró su poder divino con sus obras extraordinarias en milagros, sanidades, liberaciones, resurrecciones y sobretodo al transformar vidas para implantar su reino en el corazón de aquellos que le siguen.
           
En cuanto a la adoración de lo que no es Dios, todas las civilizaciones (en Occidente, en Oriente, en cualquier época de la historia y aún en la actualidad), han inventado un sin número de dioses y diosas.

Por ejemplo, la civilización occidental está muy familiarizada con los dioses y las diosas de Egipto, Grecia, Roma y otras culturas. Al crecer, todos recordamos haber escuchado historias de esas deidades y de sus mitológicas relaciones con seres humanos. En la escuela aprendimos la historia de esas culturas antiguas y la importancia que ellos le daban a la adoración de varios dioses y diosas. ¿Cómo se desarrolló la adoración de esas deidades en estas culturas antiguas?

EGIPTO
Los dioses y diosas de Egipto representan a más de 50 deidades diferentes, la mayoría de las cuales se remontan a tiempos pre-dinásticos. Las tribus antiguas que habitaron en la región adoraban a sus propios dioses particulares, los cuales normalmente estaban personificados por animales. A medida que la civilización egipcia avanzó, las deidades tomaron características humanas. En muchos casos, los dioses y diosas eran representados con cuerpos humanos, aunque mantenían cabezas de animales. Para el comienzo de la Dinastía del Viejo Reino (3100 a.C.), se desarrolló una religión nacional a partir de las primitivas religiones tribales y locales. Sin embargo, cambios continuos en el poder político dieron lugar al estatus cambiante de las deidades egipcias. Generalmente, a medida que diferentes ciudades o regiones llegaban a ser políticamente dominantes, su dios particular también se volvía dominante.

Muchos de los dioses y diosas de Egipto encuentran su origen en varios mitos egipcios de la creación. Estos mitos trataron de explicar el lugar de los egipcios en el cosmos, basándose en la observación de los procesos naturales. Esto era particularmente cierto con respecto al río Nilo y sus patrones de inundación. El desborde del Nilo era crítico para la civilización egipcia. Como resultado, los dioses y diosas identificados con la naturaleza se volvieron comunes en los mitos de la creación egipcios. Algunos de los más comunes mitos de la creación se refieren a Nu o Nun, y describen el revuelto mar de caos que existía antes de la creación. De este caos surgió el dios egipcio del sol, Ra. Ra entonces creó deidades que fueron tanto masculinas como femeninas. A su vez, estas deidades engendraron más deidades, y los recién creados dioses y diosas fueron los responsables de la creación del mundo físico. Ra fue responsable también de la creación de la humanidad; por ejemplo, un mito de la creación hace referencia a que la humanidad fue creada de las lágrimas de Ra.
  
Los dioses egipcios estaban íntimamente ligados a la fuerte creencia egipcia de la vida después de la muerte. A los muertos se les proporcionaba comida, bebida, armas y otros elementos, pensando en sus necesidades. Los miembros de la familia a menudo visitaban las tumbas con regalos continuos. El cuidado adecuado de los muertos era requerido para asegurar la vida eterna. La visión egipcia de la vida después de la muerte tenía varios conceptos diferentes, el más importante de los cuales era el llamado "ba" (comparable a grandes rasgos con la existencia del alma de un individuo). El concepto de "ba" resultaba en la manifestación física de un individuo después de la muerte. Esta manifestación usualmente tomaba la forma de un pájaro. De esa manera, el individuo se volvía parte de la vida perenne de la naturaleza.

La religión de los antiguos egipcios era una siempre cambiante mescolanza de varios dioses egipcios y tradiciones tribales y regionales. Como resultado, existían varias creencias en conflicto. Así pues, no existía ningún conjunto de enseñanzas unificadas (como por ejemplo, en la Biblia). El rey (faraón) era el encargado de determinar la voluntad de los dioses. Con el tiempo, estos conflictos fueron reconciliados y se desarrolló una tendencia hacia el monoteísmo. Esta tendencia llegó a su cenit durante el reinado de Amenhotep IV, cuando estableció a Aten como el único dios universal. Este concepto iba en contra de miles de años de tradición religiosa egipcia. El concepto de un dios único terminó pronto, después de la muerte de uno de sus sucesores, Akenatón. La adoración de dioses múltiples fue restaurada completamente durante el reinado del rey niño llamado Tutanjatón (Tut). Irónicamente, el descubrimiento de la tumba del Rey Tut se convirtió en uno de los más grandes hallazgos arqueológicos de la historia. 

No hay mucho en las creencias religiosas egipcias antiguas que pueda ser comparado directamente con las religiones más grandes en la actualidad, tales como el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam. Sin embargo, los conceptos de la creación divina y de vida después de la muerte son, al menos, temas comunes. Un pensamiento preponderante es que los dioses egipcios, como todos los dioses y sistemas religiosos de creencias, se desarrollaron como resultado del intento de la humanidad de explicar el mundo físico. 

A pesar de esto, la Biblia señala cómo el único Dios, Creador de todo, desecha los dioses egipcios y trae juicios sobre quienes ponen su confianza en ellos (Éx. 12:12; Núm. 33:4).

GRECIA
Los dioses y diosas son parte integral de la mitología griega. Nuestro conocimiento formal de los dioses de los antiguos griegos se remonta a los escritos de Homero en la Ilíada y la Odisea (siglo VIII a.C.). Adicionalmente, muchos académicos creen que los mitos fueron grandemente influenciados por la cultura Micena que existía en Grecia entre los años 1700 y 1100 a.C. Además, existe evidencia de que los comienzos de la mitología griega se remontan a las culturas antiguas del Medio Oriente de Mesopotamia y Anatolia. Existen muchas similitudes entre la mitología de esas antiguas culturas del Medio Oriente y los antiguos griegos.

Los dioses y diosas de la antigua Grecia fueron creados por el hombre para explicar el mundo a su alrededor, actuar como un instrumento de exploración, proporcionar legitimidad y autoridad a la aristocracia antigua griega, y proporcionar entretenimiento para las masas. La religión de los griegos antiguos no tenía una única fuente de escrituras (como por ejemplo, la Biblia). Aún más, los antiguos griegos no creían en la verdad absoluta, como es practicada (por ejemplo, en el Cristianismo). Generalmente, una ciudad-estado griega se dedicaba a un dios o a un conjunto de dioses en particular. Muchas ciudades-estado erigieron templos a sus deidades particulares, y esas deidades eran honradas con festivales y sacrificios de animales. Los dioses y diosas de la antigua Grecia normalmente tomaban forma humana y vivían en una sociedad similar a la sociedad humana. Ellos tenían todas las emociones de los seres humanos y frecuentemente intervenían en la historia humana.

Es difícil ubicar los antepasados de los dioses de la antigua Grecia ya que existen varios mitos de la creación. Una combinación de relatos agrupados por el poeta griego Hesíodo, en el siglo VIII a.C., y un relato escrito por el recopilador de mitos Apolodro, hubiera sido reconocida por la mayoría de los antiguos griegos. En síntesis, se decía lo siguiente: El dios Caos fue el fundamento de toda la creación. De este dios surgió Gea (la tierra), Tártaros (el inframundo) y Eros (el amor). El dios Eros era necesario para juntar a Caos y a Gea para que produjesen un vástago. Caos entonces creó la noche, y el primogénito de Gea fue Urano (dios de los cielos). La unión de Caos y Gea también resultó en la creación de las montañas, los mares, y dioses conocidos como los Titanes. La interacción de estos primeros dioses resultó en la creación de varios otros dioses. Estos incluían a figuras tan conocidas como Afrodita, Hades, Poseidón, y Zeus. Zeus eventualmente hizo la guerra contra su padre (Crono) y los Titanes. Como resultado de este conflicto, Zeus estableció un nuevo régimen en el Monte Olimpo. Zeus gobernaba los cielos, su hermano Poseidón gobernaba los mares, y su hermano Hades gobernaba el inframundo. La creación de los seres humanos es el resultado de mitos en conflicto. Muchas historias de la creación sostienen que los seres humanos surgieron directamente de la tierra. En algunos casos, distintas sociedades griegas tenían sus propios y únicos eventos de la creación. Esto es cierto para los arcadios y los tebas, los cuales atribuyen sus orígenes a diferentes hombres nacidos de la tierra, creados en diferentes áreas. Uno de estos mitos afirma que los humanos fueron creados de la tierra y del agua, ayudados por el Titán Prometeo, con su don del fuego.

Los antiguos griegos creían en un diluvio que destruyó a toda la humanidad (algo similar al relato descrito en la Biblia). En el mito griego, el diluvio tuvo lugar durante la era de Deucalión 1 (1450 a.C.). Deucalión 1 y su mujer, Pirra 1, fueron advertidos con anterioridad del diluvio por venir, y se les mandó construir un arca y llenarla de provisiones. La causa del venidero diluvio era la furia de Zeus hacia la humanidad. Zeus se había indignado con la generación de los humanos, y en particular, con la práctica de sacrificios humanos. Zeus reunió a los dioses y decidió destruir la humanidad con agua. Deucalión y Pirra sobrevivieron al diluvio, flotando en el arca que habían construido. Flotaron en el arca por nueve días y nueve noches y se posaron en una montaña en Fócida. Cuando Zeus se dio cuenta de que el mundo era un charco de aguas estancadas en el cual solo sobrevivieron Deucalión y Pirra, detuvo la lluvia y restauró la tierra. A fin de repoblar el mundo, los dioses le dijeron a los sobrevivientes que echaran piedras sobres sus cabezas. Las piedras de Deucalión se convirtieron en hombres, y las de Pirra se convirtieron en mujeres. Esta re-creación por medio de piedras era utilizada para explicar la dureza de la raza humana.

Existe un gran número de diferencias entre el mito griego y el relato del diluvio descrito en la Biblia. A diferencia del mito griego, Noé y su familia se salvaron junto con suficientes animales para repoblar el planeta. Sin embargo, los dos relatos sostienen que el mundo fue destruido como resultado del pecado de la humanidad, y que la raza humana fue salvada como resultado de unos pocos individuos que llevaron vidas rectas.
  
Los dioses griegos representaban la creencia de los antiguos griegos de que cuando un individuo moría, su aliento vital o psique dejaba el cuerpo para entrar al palacio de Hades (rey de los muertos). En los periodos primitivos de la antigua Grecia, el psique no era igual a la visión cristiana del alma. Una vez que dejaba el cuerpo, el psique era una imagen fantasma que podía ser percibida, pero no tocada. La pared que separaba a los vivos de los muertos era impenetrable. Gradualmente, el concepto de psique se hizo similar al concepto del alma. El alma estaba separada del cuerpo, pero era responsable de la personalidad del individuo y de sus decisiones morales.

Los primeros griegos no creían que las acciones en esta vida de una persona tenían algún efecto en su próxima vida. Sin embargo, para los "Tiempos Clásicos" (480-323 a.C.), predominaba la creencia de que una persona moral sería recompensada en la próxima vida. Al mismo tiempo, se desarrolló la idea de que una persona que transgredía repetidamente la moral merecía un castigo eterno. La preocupación de cómo se iba a pasar la próxima vida condujo a muchos rituales funerarios y ceremonias conmemorativas de los muertos.

La Biblia también registra la religiosidad de los griegos; de hecho Pablo (como judío convertido al cristianismo) manifiesta su inconformidad al ver la idolatría dominante en las poblaciones que tenían la influencia griega en su tiempo (Hch. 17:16-22). Así pues, Pablo les predicó el evangelio y les habló del Dios único y verdadero, Creador de los cielos y la tierra (Hch. 17:23-34).

ROMA
Los dioses y diosas de la cultura de Roma se originaron como deidades sin cara y sin forma que ayudaban a los agricultores en sus trabajos de la tierra. El gran número de dioses y diosas romanos puede probablemente ser explicado por la creencia panteísta del "numen" la cual sostiene que dioses y espíritus habitan en lugares, objetos, y seres vivientes.

Aunque los primeros romanos le daban poca importancia a las personalidades de sus dioses y diosas, sí estaban interesados en sus funciones. Los primeros romanos integraron la adoración de deidades mitológicas en todos los aspectos de sus vidas personales y públicas. Nada muestra mejor la extensión de esta adoración diaria como el culto en el hogar. En este sistema, cada familia tenía un espíritu guardián (un dios familiar). Este espíritu era honrado en todas las actividades de la familia, incluyendo sacrificios durante funerales. La fuerza creativa que engendra a un individuo y le permite crecer, aprender y comportarse moralmente era conocida como el Genio, para los hombres, y la Luna, para las mujeres. Este espíritu permanecía con el individuo hasta la muerte. La adoración de dioses y diosas romanos llegó hasta asignar un espíritu protector a diferentes áreas de la casa. Por ejemplo: Fórculo protege la puerta; Limentino, el umbral, Cardea, las bisagras; y Vesta, la chimenea.

Los dioses y diosas de Roma comenzaron a tomar las formas que reconocemos hoy durante la dinastía de los reyes etruscos que gobernaron en el siglo VI a.C. Durante este periodo, los romanos adaptaron un grupo de tres dioses etruscos como el foco de adoración del estado. Estos dioses eran adorados en el gran templo sobre la Colina Capitolina, y, por esto, vinieron a ser conocidos como la tríada Capitolina. La tríada consistía de Júpiter (Zeus), Juno (Heras), y Minerva (Atenea). Una vez que finalizó el gobierno de la dinastía etrusca en el 509 a.C., Roma se convirtió en una república. La República Romana estaba gobernada por dos magistrados, cada uno era elegido por un periodo de un año. Durante este periodo, el templo Capitolino se convirtió en el foco de la adoración pública.

Cuando el poder de Roma creció y su esfera de influencia se expandió, el Imperio Romano encontró las más antiguas y variadas tradiciones de la mitología griega. Los romanos también entraron en contacto con las creencias de otras culturas del Mar Mediterráneo oriental. Como resultado, los romanos empezaron a adoptar variados dioses extranjeros y costumbres religiosas. En muchos casos, se les dieron templos en Roma a dioses y héroes de culturas extranjeras. La aceptación de dioses y diosas griegos tuvo la influencia mayor en la mitología romana. Las primeras deidades griegas adoptadas por los romanos fueron Cástor y Polideuco en el 484 a.C. Más tarde, en el siglo V a.C., fue introducido el dios griego Apolo. Apolo eventualmente simbolizaría la virtud y austeridad romana. Otros dioses romanos que tomaron características griegas incluían a Diana (Artemis), Mercurio (Hermes), Neptuno (Poseidón), Venus (Afrodita) y Vulcano (Hefesto).

A medida que Roma continuó expandiendo su influencia política y geográfica, continuó asimilando una más amplia variedad de creencias religiosas y costumbres. En algunos casos, la asimilación de un dios extranjero se hacía para llenar un rol particular en la expansión de Roma. Este fue el caso de la diosa Cibeles, cuya adoración fue el resultado directo de la amenaza que Aníbal representaba para Roma. Aún cuando Aníbal fue derrotado eventualmente, la adoración de Cibeles continuó. Los romanos también comenzaron a asimilar la creencia en dioses salvadores de las llamadas religiones "misteriosas". Una de ellas fue la religión persa del Mitraísmo. El dios persa Mitra (dios de la luz y de la sabiduría) ofrecía la salvación mediante la creencia en un alma inmortal. Estas religiones se hicieron populares porque ofrecían un sentido mayor de comunidad que el panteísmo estricto.

La naturaleza de los dioses romanos se expandió de nuevo cuando el Imperio Romano entró en contacto con la creencia de reinado divino. Al principio, los romanos rechazaron la idea de que un gobernante humano debía ser adorado como un dios. En el 44 a.C., Julio César permitió una estatua suya con la inscripción: "El dios no vencido," y se proclamó a sí mismo dictador vitalicio. Ese mismo año, Julio César fue asesinado por ciudadanos que querían ver a Roma regresar a sus ideas republicanas anteriores. El heredero de César, Octavio (Augusto), se proclamó el primer emperador de Roma. Sin embargo, evadió cualquier afirmación de divinidad. De hecho, la idea de que el emperador era divino fue ridiculizada durante gran parte del primer siglo d.C. Sin embargo, cuando el gobierno del Imperio Romano se hizo más autocrático y le dio a los gobernantes poder casi ilimitado, los emperadores eventualmente aceptaron honores divinos. Esta creencia en la divina autoridad del emperador eventualmente condujo al requerimiento de un sacrificio al emperador, como señal de lealtad. El requerimiento de sacrificio al emperador se convirtió en una fuente significativa de conflicto con los primeros cristianos, quienes rehusaron adorar al emperador como a un dios, y por lo tanto, no le ofrecían sacrificios. Esto llevó a la persecución de los cristianos por parte de las autoridades políticas romanas que hacían cumplir la práctica. El periodo de adoración de emperadores romanos como dioses continuó hasta el siglo IV d.C., cuando el emperador Constantino el Grande fue el primer emperador romano que se convirtió al Cristianismo. En el 392 d.C., el emperador Teodosio prohibió definitivamente la práctica de religiones paganas en Roma.

Los dioses griegos continúan impactando a la sociedad moderna, y los efectos duraderos de la civilización antigua griega no pueden ser exagerados. De hecho, la mayoría de las civilizaciones occidentales pueden remontar sus orígenes a la antigua Grecia.
  
Notas:
- Los dioses y diosas de la mitología antigua ya no son adorados por ninguna religión formal en los tiempos modernos. Sin embargo, el legado de las deidades de los egipcios, griegos, y romanos continúa por todo el mundo. Las artes, en particular, han sido grandemente influenciadas por la mitología. Muchas obras de arte muy conocidas, en la pintura, la música, la literatura, y el teatro, utilizan temas de la mitología. Hoy, la influencia de los dioses y diosas antiguos no da señales de disminuir. Los juegos de computadoras frecuentemente utilizan historias de los dioses y diosas antiguos como fondo para sus juegos de búsqueda orientada. Las películas de cine y programas de televisión que utilizan caracteres o temas de la mitología son todavía populares. Parece que los temas morales e intelectuales de las historias detrás de los dioses y diosas antiguos han demostrado ser fácilmente adaptables a muchas culturas, por muchos siglos. Esto demuestra la inherente necesidad de la humanidad de explorar los orígenes, el significado, y la moralidad (lo que refleja la necesidad de la humanidad de explicar el por qué está aquí y a dónde se dirige).
- La Biblia muestra cómo el Hijo de Dios vino en el tiempo cuando Roma estaba en su apogeo y predicó el evangelio para que todas las personas se volvieran al Dios único y verdadero; él no vino a fundar una religión sino a transformar el corazón y la vida de sus seguidores. Cristo vino a traer luz a quienes están en tinieblas (Mt. 4:12-17); tristemente, la mayoría de la gente le tuvo en poco y prefirió seguir en tinieblas porque amaron más el pecado que a Dios (Jn. 3:16-21).
- La idolatría es pecado porque Dios no comparte su gloria con nadie (Sal. 115); el único Dios está en los cielos, llena el universo y es el dueño y Señor de todo pero los dioses inventados por las naciones (no importa qué religión o qué creencias profesen) son vanos porque son obra de manos de hombres (de plata, de oro, o de cualquier material)… tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. Por eso, confiemos en el Dios único y verdadero, él es nuestra ayuda y nuestro escudo; él se manifiesta en nuestra vida diaria, responde a la oración de su pueblo, mueve su mano a favor de quienes confían en él, tiene el poder para bendecirnos en la tierra y para darnos vida eterna más allá de la muerte mediante la obra de Cristo al morir en la cruz para perdonar nuestros pecados y darnos una nueva vida.

sábado, 13 de agosto de 2016

Las preguntas más importantes Parte I

 

a. ¿Quién soy?

En nuestra sociedad existe una crisis de identidad generalizada y muchas personas no saben quiénes son; la realidad es que diariamente todos somos bombardeados con mentiras, conceptos irracionales y argumentos negativos a través de los medios de comunicación y en la relación con los demás (en la familia, en el colegio, en la universidad, en el trabajo, en la calle, etc.). Es frecuente escuchar lo siguiente: "Eres lo que reflejas" "Eres lo que compras" "Eres solamente un animal con conciencia" "Eres lo que decidas ser" "No eres nada" "Eres un dios; todo el poder está en ti" (no es de extrañar que haya personas confundidas y sin una identidad clara).

¿Qué hay detrás de esta lucha de identidad? Se reduce a la cosmovisión de cada uno (la forma como cada persona ve el mundo, su vida y su entorno).

Nota: En este estudio me propongo exponer que la Biblia tiene la respuesta a muchos interrogantes que la gente se hace y tiene la competencia para hacerlo (2 Tim. 3:16, 17). Te recomiendo leer todos los temas para que saques tus propias conclusiones. Si no crees en Dios o no aceptas la Biblia como una herramienta idónea para guiar tu vida, abre tu corazón y sigue revisando este material. Te aseguro que tendrás muchos elementos de juicio que te ayudarán a tomar las mejores decisiones en materia de fe, propósito y conciencia.

En cuanto a la pregunta “¿quién soy yo?” la Biblia señala que estamos hechos a la imagen de Dios (Gn. 1:26) y él debe ser el punto de referencia en el que está establecido nuestro diseño, propósito y valor como seres humanos. Si queremos saber quiénes somos, debemos comenzar mirando hacia arriba (hacia Dios), no alrededor (hacia otros) ni internamente (a nosotros mismos).

Para aquellos que no creen en Dios, que lo rechazan, que lo tienen en poco o que se olvidan de él, los humanos simplemente están allí por casualidad o por suerte. ¿Qué hace valiosos a los humanos entonces? La tendencia es buscar al mejor, al más brillante, o al más popular. Por supuesto, aquellos que no entran en este perfil idealista son dejados fuera. La historia, así como las noticias diarias, nos muestran las terribles consecuencias de esta manera de pensar: el egoísmo y la superficialidad son el estímulo de todos los males.

Los panteístas, por otro lado, dicen que “dios” es un principio abstracto en todos nosotros y que “dios” está formando parte en todo y en todos. Por lo tanto, solo necesitamos mirar en nuestro interior para encontrar nuestro valor. Por supuesto, algunos encuentran en sí mismos un deseo de ayudar a otros, mientras que otros encuentran en sí mismos un deseo de herir a otros. Si todos son dioses o tienen una parte de dios, ¿cuál es la visión correcta?

Sin excepción, las culturas que no reconocen a Dios, inevitablemente deshumanizan a las personas. La cosmovisión bíblica, en contraste, enseña que fuimos maravillosamente creados por Dios, y diseñados para Su noble propósito. Aunque pecadores, podemos reconciliarnos con Dios en Cristo (quien se hizo hombre, nos dio ejemplo de cómo agradar a Dios y murió por nuestros pecados para acercarnos a Dios), y así llegar a una comprensión apropiada de nosotros mismos.

b. ¿Por qué estoy aquí?

¿Por qué estoy aquí en la tierra? ¿De dónde vengo? ¿Para qué sirvo? ¿Tengo algún valor intrínseco? ¿Tengo un propósito? Estas son las grandes preguntas de la vida. Cómo usted responda a estas preguntas determinará cómo ve usted el mundo (cosmovisión) y cómo trata al mundo. Debido a que usted es parte del mundo, cómo usted ve al mundo también determina cómo usted se ve y se trata a sí mismo. Entonces, es trascendental que contestemos estas preguntas esenciales y que descubramos toda la verdad porque respuestas equivocadas a preguntas importantes nos llevarán siempre al fracaso y a la decepción.

¿Por dónde empezamos nuestra búsqueda de la verdad? Comencemos por el principio. Tal vez la pregunta primordial es: ¿existe Dios? Nuestras respuestas a las otras "grandes preguntas" dependen realmente de cómo contestamos esta primera pregunta. 

SI DIOS NO EXISTE, eso significa que la vida debe haber comenzado mediante algunos procesos naturales impersonales, no inteligentes, y finalmente sin propósito. Eso significa que, en última instancia, estamos desprovistos de propósito, así como el proceso que nos hizo existir. Si la vida es solo un accidente, usted también lo es. Usted puede encontrar razones a corto plazo para la vida, como que usted está aquí porque sus padres querían tener niños, etc., pero realmente usted es solo un accidente y sus padres también. La vida es solo una casualidad. Usted no tiene ningún propósito, no tendrá ningún efecto duradero, y en el plano superior de las cosas, su vida carece completamente de sentido. Sin un Creador en el principio, no había nadie para ponerle aquí con un propósito, lo que significa que usted no está aquí por una razón. Es así de simple.

En lo referente a preguntarnos "¿qué valor tengo?", sin Dios Creador no tenemos en realidad ningún valor intrínseco, al menos no uno objetivo. Nuestro valor es, en última instancia, subjetivo. Usted podrá pensar que vale algo, pero alguien más puede pensar que usted no tiene ningún valor (y hasta quitarle la vida), y mientras no exista ningún Evaluador trascendente para decir la última palabra, definitivamente nadie está en lo correcto ni está equivocado. De hecho, sin Dios realmente no existe ni lo correcto ni lo incorrecto.

John Dewey (1859-1952), el famoso ateo del siglo XX dijo: "Dios no existe y el alma no existe. Por lo tanto, los accesorios de la religión tradicional no son necesarios. Con la exclusión del dogma y del credo, la verdad inmutable también está muerta y enterrada. No hay lugar para leyes naturales fijas ni absolutos morales" (Clifton Fadiman, ed., Living Philosophies: The Reflections of Some Eminent Men and Women of Our Time, New York: Simon Schuster, 1931).

Los filósofos generalmente concuerdan: sin un Dios absoluto para que haga las leyes, no existe ningún absoluto moral; existen solo preferencias. Usted en realidad no tiene un derecho a vivir; solo prefiere no morir. Por otro lado, otra persona podría intentar matarle sin importar lo que usted piense, ¿y quién podría decirle que está equivocada? En ausencia de la moralidad absoluta, el fuerte sobrevive y el débil es explotado y muere.

Afortunadamente la mayoría de los gobiernos ven como su obligación el mantener lo que consideran como nuestro derecho a vivir y casualmente, los gobiernos constituyen la más poderosa institución entre los hombres (lo que significa que pueden hacer cumplir la moralidad en aquellos que no necesariamente concuerden con nuestro derecho a la vida).

SI DIOS EXISTE, eso significa que él es la suprema realidad. Si él le creó a usted con un propósito, esa es, en última instancia, la razón por la cual usted está aquí (Col. 1:16). Si usted es valioso para él, ese es, en última instancia, su valor. Lo que él dice que es bueno es completamente bueno y lo que él dice que es malo es completamente malo. Nosotros podemos ser individuos moralmente libres, con libertad para tomar decisiones morales, pero eso no significa que podemos elegir qué es lo que en realidad es bueno o malo; eso solo significa que somos capaces de elegir ser buenos o malos. Dios hace las reglas. La pregunta es: ¿Las hará cumplir? ¿Alguna vez Dios nos responsabilizará por nuestras decisiones morales? El instinto prevaleciente entre la mayoría indica que sí, que Dios nos responsabilizará. Es como si la mayoría de la gente instintivamente sabe que un día va a tener que explicar todas las cosas malas que ha hecho (lo que por supuesto significa que también instintivamente sabe que existen absolutos morales).

El punto es, que si Dios en realidad existe, términos como "justicia," "propósito" y "moralidad" no son ideas abstractas; Dios tiene un propósito para usted (por eso le creó). Él fue quien instituyó la moralidad, y al final hará que la justicia prevalezca. Este es un pensamiento reconfortante para unos pero aterrador para otros.

A través de las enseñanzas de la ciencia evolucionista, el materialismo y el relativismo moral en nuestros medios de comunicación y en el sistema escolar, se ha tratado de eliminar a Dios (o cualquier idea o concepto asociado a un ser superior) de las potenciales respuestas a las preguntas fundamentales que se relacionan con el significado de la vida.

Sin Dios, perdemos cualquier propósito trascendente del universo en el cual vivimos.

Sin Dios, perdemos cualquier propósito trascendente para dar significado a nuestras vidas.

Solo somos seres vivos luchando por sobrevivir hasta que muramos. Todos los logros, los sacrificios, los buenos y bellos actos de las personas, los feos y oscuros actos de otras, son en última instancia, esfuerzos insignificantes de la vida.

Sin Dios, también perdemos cualquier posibilidad de vida después de la muerte.

Cuando usted elimina la esperanza del cielo (o la eternidad), elimina el propósito y el valor final de la vida. ¿Qué diferencia habría entre todas las personas? (nobles o perversas, respetuosas de la vida o asesinas, respetuosas de las leyes de Dios o rebeldes). De todas formas, el destino de todo el mundo sería el mismo: MORIR. Esta es la oscura perspectiva de aquellos que basan sus creencias en el materialismo, el naturalismo, y la suposición de que la vida en la tierra (y en el universo conocido) es todo lo que existe.

Precisamente, debido a nuestras limitaciones en el conocimiento y en la comprensión de la verdad, la respuesta a la pregunta del significado de la vida no puede provenir de la inteligencia o el razonamiento humano, sino solo del Creador mismo, el cual trasciende nuestro mundo material. Como vemos en la sociedad naturalista de hoy, una vez que eliminamos a Dios de la ecuación, comenzamos a perder todo sentido del propósito de la humanidad. Pero, si existe Dios, de veras tenemos un propósito trascendente, y nuestras vidas tienen verdadero sentido. No solo encontramos significado diario para nuestras vidas, sino un significado mayor a través de nuestra esperanza de la vida eterna. Si Dios existe, eliminamos el relativismo moral que domina la sociedad actual, y lo reemplazamos con un estándar absoluto del bien y del mal, el cual reside en el carácter de Dios y en su Palabra (la Biblia). Esto también le da significado a nuestras decisiones diarias. Dios nos dio la habilidad de decidir entre vivir de acuerdo a Sus leyes morales, o de acuerdo a aquellos valores que designemos a través de nuestro propio razonamiento. Como vemos, no somos simples robots puestos en esta tierra por Dios; más bien, gozamos de libre albedrío para obedecer o no lo que él dice. Podemos reconocer a Dios como el Creador del universo, o negar que exista. Podemos elegir llevar una vida con un propósito eterno y absoluto o una vida sin significado.

¿Quién tiene tiempo ya de preguntarse por el significado de la vida? Una vez que hemos terminado el estudio en la secundaria, o en la universidad, esa pregunta es reemplazada por el ajetreo cotidiano del trabajo, la familia, los gastos, los compromisos sociales, los proyectos, las metas, los negocios, las deudas, etc. Sin embargo, si la última vez que realmente nos hicimos esa pregunta, la contestamos imaginándonos que somos la forma superior de vida en el proceso evolucionista, nos hemos privado de cualquier oportunidad verdadera de significado, propósito, y esperanza eterna. Nuestra existencia y futuro son devaluados de ser la imagen de Dios sobre la tierra, a ser solo una de muchas especies de animales sobre la tierra. Si observa los últimos 150 años de la historia, es triste que la humanidad haya sentido la necesidad de vivir de acuerdo a la presunta inteligencia y razonamiento como fruto de la evolución, en lugar de vivir de acuerdo a las leyes de Dios.