sábado, 27 de agosto de 2016

¿Cuál es la Verdad? Parte III


b. El bien y el mal

Con respecto a la interpretación del bien y del mal, existe una corriente muy popular llamada deontología, la cual es una teoría de moralidad basada en una visión "sin consecuencias" con respecto a las personas y a la toma de decisiones morales. La palabra deontología viene de dos términos griegos: deon - lo conveniente, lo debido, y logía - conocimiento, estudio. Por esto, la deontología sostiene que las acciones no son justificadas por sus consecuencias, sino que otros factores, distintos a los buenos resultados, determinan lo "correcto" de las acciones. A diferencia del utilitarismo, en el que "los fines justifican los medios," la deontología alega que lo "importante son los medios".

La deontología está basada en el "Imperativo Categórico" que fue desarrollado por primera vez por el filósofo alemán, Emanuel Kant, en su trabajo "Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres" (1785). El Imperativo Categórico simplemente declara: "Obra de manera que la máxima de tu acción por tu sola voluntad se convierta en una ley universal". ¿Está dispuesto a permitir que todo el mundo adopte la acción? Si es así, su acción es moral. Si no es así, su acción es inmoral. En pocas palabras, nuestras respuestas internas son más reveladoras que lo que profesamos externamente cuando volcamos las acciones morales sobre nosotros mismos.

El Imperativo Categórico es muy semejante a la Regla de Oro del Cristianismo: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mt. 7:12). No obstante, la deontología generalmente rechaza cualquier teoría moral basada en Dios o en una verdad absoluta más elevada. En esencia, la deontología es una teoría naturalista, basada en el deber, de moralidad objetiva y cultural que de algún modo trasciende y conecta las realidades subjetivas de cada individuo en la cultura.

El Dr. Joel Marks, uno de los más recientes eruditos de la deontología, declaró públicamente que no existe ninguna diferencia entre el bien y el mal. De hecho, como erudito "moralista" en el Centro Interdisciplinario para la Bioética de la Universidad de Yale, el Profesor Marks ahora sinceramente cree que no existe la moral porque él cree que no existe un Dios.

Como naturalista/ateo, Marks se atiene a la visión deontológica de la moralidad, la cual no requiere que Dios (un estándar trascendente) distinga entre el bien y el mal. Sin embargo, Marks ahora sostiene que la teoría de la deontología es tan irracional como el creer en el Ser Divino.

A través de una serie de artículos en la revista Philosophy Now (Filosofía Ahora), el Dr. Marks desarrolló enteramente su "Manifiesto Amoral" (Philosophy Now, “An Amoral Manifesto (Part I),” Joel Marks -July/August 2011). En esta publicación, él plantea que la moral no es más que un confuso sentimiento subjetivo. Por otra parte, él afirma lo siguiente: "Mantengo mi fuerte preferencia a favor de un trato honesto de la dialéctica en un contexto de respeto mutuo. Es solo que ya no doy premisas en discusiones de moralidad; más bien ofrezco consideraciones que nos ayuden a determinar qué hacer. No intento justificar nada; trato de motivar elecciones informadas y sopesadas... Pero esto no será porque un dios, una ley sobrenatural o incluso mi conciencia, me digan que debo, o que tengo una obligación. Sino que decidiré de acuerdo con mi cabeza y mi corazón. La moralidad no tiene nada que ver" (“Confessions of an Ex-Moralist,” Joel Marks).

LEY NATURAL

La expresión “Ley Natural” es un término amplio y a menudo mal empleado, utilizado alrededor de varias escuelas de filosofía, ciencia, historia, teología, y de la ley.

Ciertamente, la pregunta “¿qué es ley?” puede decirse que es tan embarazosa para el jurista como la conocida pregunta de “¿qué es verdad?” lo es para el experto en lógica.

La Ley, en su sentido genérico, es un conjunto de reglas de acción o conducta prescritas por la autoridad en control, y posee poder legal vinculante. Una ley es aquello que debe ser obedecido y observado por ciudadanos sujetos a sanciones o a consecuencias legales (Diccionario Legal Black, sexta edición, pág. 884). Ahora bien, la jurisprudencia es la filosofía de la ley y cómo se desarrolló.

Ley Natural es una teoría moral de jurisprudencia que mantiene que la ley debe estar basada en la moral y la ética. La Ley Natural sostiene que la ley está basada en lo que es "correcto". La Ley Natural es "descubierta" por los humanos mediante el uso de la razón y el escoger entre lo bueno y lo malo. Por lo tanto, el poder de la Ley Natural reside en descubrir ciertos estándares universales de la moralidad y de la ética.

Los griegos Sócrates, Platón, y Aristóteles, enfatizaron la distinción entre "naturaleza" (fusis) y "ley, costumbre, o convención" (nomos). Lo que la ley ordenaba variaba de acuerdo al lugar, pero lo que era “por naturaleza” debía ser lo mismo en todas partes.

Aristóteles (384-322 a.C.) es considerado por muchos el padre de la "ley natural". Este filósofo plantea que aparte de las leyes "particulares" que cada persona ha establecido para sí misma, existe una "ley superior" acorde con la naturaleza (Retórica 1373b2–8).

El desarrollo de la teoría de la ley natural continuó en la escuela helenista de la filosofía, especialmente con los estoicos, quienes señalaron la existencia de un orden racional y determinado del universo. El medio por el que un ser racional vivía de acuerdo con este orden cósmico era considerado “ley natural”.

Agustín (354-430 d.C.) equipara la ley natural al estado del hombre anterior a la caída en pecado (en el tiempo de Adán y Eva). Por lo tanto, ya no es posible la vida según la naturaleza y en su lugar, la humanidad debe buscar la salvación a través de la ley divina y de la gracia de Cristo.

Graciano (siglo XII) conectó de nuevo el concepto de ley natural y de ley divina, afirmando que la raza humana está gobernada por dos cosas: la ley natural y los usos naturales (moral, carácter). La ley natural es lo que está contenido en la ley y en el Evangelio. A través de ella, a cada persona se le ordena hacer a otros lo que desea que hagan consigo mismo, y se le prohíbe infligir a otros lo que no desea que le hagan a él (Decretum, D. 1 d.a.c.1; alrededor del 1140 d.C.). Esta es la misma regla de oro establecida por Cristo.

Finalmente, ¿de dónde proviene la ley? El concepto de Ley Natural sostiene que ciertas leyes morales trascienden el tiempo, la cultura, y el gobierno porque existen estándares universales que aplican a toda la humanidad a través de todos los tiempos. Estos estándares morales universales son inherentes y reconocibles por todos nosotros, y forman la base de una sociedad justa.

En la Biblia, podemos equiparar la ley natural a la conciencia que Dios nos dio a todos los seres humanos y por la cual seremos juzgados con justicia.

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos,  mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Rom. 2:14, 15).

Aunque alguien no conozca la Ley de Dios, revelada en la Biblia, la obra de la ley está escrita en su corazón y su conciencia le da testimonio del bien y del mal, por lo cual ningún ser humano tendrá excusa para hacerse responsable de sus malas acciones ante Dios en el día del juicio.
  
ÉTICA MORAL

La ética moral estuvo en el corazón de un estudio nacional conducido en el año 2001 por el Grupo de Estudios Barna. Este estudio reveló que solo uno de cuatro adultos “descansa en principios o enseñanzas religiosas o en contenido bíblico cuando toma decisiones morales”. Además, casi el 50% de los adultos entrevistados dijeron que la base moral de sus decisiones descansa en “lo que les produzca los resultados más placenteros o satisfactorios”. George Barna, quien dirigió el proyecto de estudio concluyó: “la mayor parte de la gente no cree que existe una verdad moral absoluta... gente ocupada, sin importar su afiliación religiosa, toma decisiones rápidas cuando se trata de decisiones morales”.

La ética moral es ahora considerada relativa a la cultura, relativa a las circunstancias y relativa a las necesidades específicas del individuo pero esta posición incorrecta y acomodada siempre trae efectos negativos y destructivos para cualquier comunidad, sociedad o nación.

Un ejemplo: la historia de Estados Unidos

“Parecería que en nuestro mundo hoy día lo bueno es considerado malo y lo malo bueno. El resultado es que la fundación de nuestra cultura y de nuestra sociedad se está desmoronando debajo de nuestros pies. Esto es, porque nosotros, como nación, hemos perdido nuestro camino. Ya no estamos construidos sobre una fundación sólida que conoce la diferencia entre el bien y el mal. La fundación moral de nuestra nación vino de nuestra fe en Dios y obediencia a Su Palabra” (Greg Laurie, Harvest Ministries)

La ética moral fue la base principal de los Estados Unidos de América. A pesar de que recientes torceduras a la historia declaran que América fue fundada en un principio básico de “libertad de la religión”, la realidad histórica es que América fue fundada en la fe bíblica. Los Padres Fundadores citaron miles de escrituras bíblicas, comenzaban y cerraban sesiones orando a Dios, y declararon abiertamente que usaron los Diez Mandamientos como base al escribir las leyes de esta gran nación. De hecho, estaban parados en tierras propiedad del gobierno cuando leyeron directamente de la Biblia, mientras citaban escrituras en sus discursos y mientras oraban juntos.

Si esta nación fue fundada en un principio de “libertad de la religión”, los Padres Fundadores no habrían practicado su fe cristiana tan abiertamente en tierras que pertenecían al gobierno. Además, existen más de 4500 citas públicas de los Padres Fundadores acerca de la Biblia, Dios y la importancia de la ética moral basada en principios cristianos (todas estas declaraciones fueron hechas mientras los líderes gubernamentales estaban en propiedades del gobierno).

Existe absoluta prueba histórica acerca de que los fundadores de esta nación y los autores de la Constitución nunca creyeron en una “libertad de la religión”, ni en silenciar la libre expresión cuando se trata de temas de naturaleza religiosa. Esto es un concepto reciente y es un reflejo de la manipulación de la historia que corresponde al amplio declive de la ética moral.

La ética moral es la fundación de esta gran nación. Sin embargo, la moralidad no es relativa sino que está basada en la autoridad absoluta de la verdad bíblica. Para muchos es muy difícil aceptar en esta tecno-cultura del siglo 21 que esta nación y su espina dorsal moral fueron fundadas en principios cristianos.

Miremos algunas citas de personajes influyentes en la historia de los Estados Unidos:

“Finalmente, no olvidemos el carácter religioso de nuestro origen. Nuestros padres fueron traídos aquí por su veneración a la religión cristiana. Se guiaron con su luz, y trabajaron en su esperanza. Ellos buscaron incorporar esos principios con los elementos de su sociedad y difundir su influencia a través de todas sus instituciones, civiles, políticas o literarias” (Daniel Webster).

“Los principios y preceptos morales contenidos en las Escrituras deben formar las bases de todas nuestras constituciones civiles y leyes... Todas las miserias y males que el hombre sufre por el vicio, crimen, ambición, injusticia, opresión, esclavitud y guerra proceden de su desprecio y negligencia a los preceptos contenidos en la Biblia” (Noah Webster).

“Para gobernar bien, debes gobernar para Dios, y para hacer eso, debes ser gobernado por él. Aquellos que no permiten ser gobernados por Dios serán gobernados por tiranos” (William Penn).

“No se puede hacer suficiente énfasis ni mencionarse más, que esta gran nación fue fundada, no por religiosos, sino por cristianos, no sobre religiones, sino en el Evangelio de Jesucristo. Por esta precisa razón, hemos dado asilo, prosperidad y libertad de adoración aquí a personas de otras creencias” (Patrick Henry).

“Si la verdad no es difundida, el error lo será; si Dios y su Palabra no son conocidos y recibidos, el diablo y sus obras ganarán ascendencia… si el poder del Evangelio no se siente a través de lo largo y ancho de la tierra, la anarquía y mal gobierno, la degradación y la miseria, la corrupción y la oscuridad reinarán sin mitigación o final” (Daniel Webster).

“La causa de América es en gran medida la causa de toda la humanidad. ¿Quién, dicen algunos, es el rey de América? Te digo, amigo, él reina arriba” (Thomas Paine).

“Hemos enclavado el futuro total de la civilización americana, no en el poder del gobierno, sino lejos de éste. Hemos enclavado el futuro de todas nuestras instituciones políticas en la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de gobernarnos a nosotros mismos, de controlarnos a nosotros mismos, de sostenernos a nosotros mismos de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios” (James Madison).

“El patriota que se siente a sí mismo al servicio de Dios, que le reconoce en todos sus caminos, tiene la promesa de la dirección del Todopodersoso y encontrará en Su Palabra en su más grande oscuridad una lámpara a sus pies y lumbrera a su camino. El entonces buscará establecer en esta nación ante los ojos del mundo tal carácter que no será indigna de ser llamada una nación cristiana” (Francis Scott Key, 1812).

“Un patriota sin religión, en mi opinión, es tan grande paradoja como un hombre honesto sin temor a Dios. ¿Será posible que aquel a quien no le ata ninguna obligación moral pueda tener alguna real buena voluntad para con los hombres? ¿Podría ser un patriota aquel, quien con una abierta conducta viciosa, debilita los mismos vínculos de la sociedad?... Las Escrituras nos dicen “la justicia exalta una nación” (Abigail Adams).

“La Palabra de Dios, contenida en la Biblia, ha proporcionado todas las reglas necesarias para dirigir nuestra conducta… la educación es inservible sin la Biblia… La Biblia fue el libro de texto básico en América en todos sus campos” (Noah Webster).

“Y ahora diré que entonces creeré, y ahora creo, que esos principios generales de Cristiandad, son tan eternos e inmutables, como la Existencia y los Atributos de Dios” (John Adams).

“La más grande gloria de la Revolución Americana es ésta: conecta con un vínculo indisoluble los principios del gobierno civil con los principios del cristianismo” (John Adams).

Mientras la Declaración de Independencia era firmada, 1776, Samuel Adams declaró: “Hemos restaurado este día al Soberano a quien todo hombre debe obediencia. El reina en los cielos y desde el nacer al caer del sol, vénganos Su reino”.

“El por lo tanto es el más verdadero amigo de la libertad de este país quien trata de promover su virtud, y quién, hasta ahora su poder e influencia ha extendido... en fin, si debemos disfrutar realmente este regalo de los Cielos, seamos gente virtuosa” (Samuel Adams).

“Si nos dejamos llevar por los principios enseñados en la Biblia, nuestro país continuará prosperando y para prosperar, mas si nosotros y nuestra posteridad abandonamos su instrucción y autoridad, ningún hombre puede decir cuán pronto una catástrofe puede sobrecogernos y enterrar toda nuestra gloria en profunda oscuridad” (Daniel Webster).

“Por tanto es el deber de todas las naciones reconocer la providencia del Dios Todopoderoso, obedecer sus deseos, estar agradecidos de sus beneficios, y humildemente implorar por Su protección y favor...” (George Washington, 3 de octubre de 1789 - Día Nacional de Acción de Gracias).

En 1832, Noah Webster publicó su Historia de los Estados Unidos, en la cual escribió: “La corta exposición a la Constitución de los Estados Unidos, desdoblará a los jóvenes los principios del gobierno republicano; y es el sincero deseo del escritor que nuestros ciudadanos comiencen a entender desde temprano que la fuente genuina de principios republicanos correctos es la Biblia, particularmente el Nuevo Testamento o la religión Cristiana”.

Aquí vemos un ejemplo de cómo una nación puede establecer su sistema de gobierno, sus leyes y todos sus programas a favor de la gente, con base en la Biblia que es la Palabra de Dios. Lamentablemente, esta nación ha estado traicionando estos principios y está viendo las terribles consecuencias de darle a espalda al Dios de los cielos.

“La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones” (Pr. 14:34) 

Este mismo suceso le pasó al pueblo de Israel en varias ocasiones y Dios le había advertido que si dejaba su palabra y sus mandamientos, entonces vendrían terribles consecuencias para ellos, para sus hijos y para toda su descendencia (Dt. 28).

El pecado esencialmente es toda acción que se comete contra las leyes de Dios y siempre trae efectos nocivos y dañinos en el corazón, en la conducta y en todas las áreas de la vida humana. Procuremos pues conocer las leyes de Dios, guardarlas en el corazón y ponerlas en práctica porque entonces veremos la honra que da Dios a quienes de verdad obedecen sus mandamientos (1 Sam. 2:30).

jueves, 25 de agosto de 2016

¿Cuál es la Verdad? Parte II

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LA VERDAD ABSOLUTA

La pregunta trascendental que deberíamos hacer cuando consideramos si realmente existe o no la verdad absoluta, es: ¿hay alguna evidencia de la existencia de la verdad absoluta?

La PRIMERA EVIDENCIA para la existencia de la verdad absoluta es apreciada en nuestra conciencia, la cual tiene un sentido del bien y del mal; además, hay valores universales que reconocemos y procuramos: el amor, la generosidad, la compasión, la paz, etc. De igual forma, la Biblia manifiesta que el papel de la conciencia es guiarnos a diferenciar el bien y el mal en relación con nuestras propias acciones (Rom. 2:14-16).

La moralidad es innata en el ser humano porque hace parte de su naturaleza. La moralidad es un sistema de conciencia y comportamiento en relación con el bien y el mal. Se puede hablar de estándares o principios morales que parten de una identidad y que implican la capacidad y la responsabilidad de realizar buenas y malas acciones.

La moralidad describe los principios que gobiernan nuestro comportamiento. Sin estos principios vigentes, las sociedades no sobrevivirían por mucho tiempo. En el mundo de hoy, la moralidad es frecuentemente asociada a tener un particular punto de vista religioso, pero por definición, vemos que éste no es el caso porque toda la gente se adhiere a algún tipo de identidad moral (sea una persona religiosa o no).

Se podría afirmar que la moralidad tiene 3 funciones esenciales en la vida humana: (1) ayudarnos a ser personas de bien, (2) asegurar justicia y armonía entre los individuos, para construir una sociedad más equitativa, y (3) mantenernos en una buena relación con Dios, nuestro Creador.

La gente más razonable concuerda con el Punto 2. Con el punto 1, sin embargo, ocurren muchos problemas. Considere la popular filosofía usada para excusar malas decisiones personales: "No estoy haciéndole daño a nadie, solo a mí mismo" ¿Cómo podemos ser personas de bien si persistimos en tomar malas decisiones? ¿Cómo no afectará esto al resto de nuestra sociedad? Definitivamente, las malas decisiones personales sí influyen de forma negativa en otros. No obstante, en el punto 3 es donde surgen los mayores desacuerdos porque cuando la gente no tiene un enfoque definido en su moralidad y adopta un relativismo moral donde Dios y sus mandamientos no son su prioridad, es más propensa a ser flexible ante las malas acciones (especialmente las propias) y entonces tiende a justificarse en diversos comportamientos incorrectos (decir una mentira, aparentar lo que no es, tener relaciones sexuales por fuera del matrimonio, hacer trampas en sus cuentas de gastos, no pagar sus impuestos, robar, consumir bebidas alcohólicas, usar drogas, parquear su vehículo en zonas prohibidas, transgredir las normas de tránsito, etc.).

La SEGUNDA EVIDENCIA para la existencia de la verdad absoluta es apreciada en la ciencia que es simplemente la búsqueda continua del conocimiento. Por lo tanto, todo estudio científico por necesidad debe estar fundamentado sobre la creencia de que hay realidades objetivas que existen en el mundo. Sin los absolutos, ¿qué sería del estudio científico? ¿Cómo se podría saber si los descubrimientos de la ciencia son reales y objetivos? De hecho, las mismas leyes de la ciencia deben estar fundadas en la certeza de la verdad absoluta.

La TERCERA EVIDENCIA para la existencia de la verdad absoluta es la inclinación del hombre hacia algo superior en busca de dar significado y definición a la vida. A partir de esta característica exclusiva del ser humano, han surgido muchas religiones en un intento de explicar el origen de todo, el propósito de la vida, el por qué del sufrimiento, la vida más allá de la muerte, etc. Este hecho expresa que el ser humano desea y busca algo más que la simple existencia porque detrás de todas las religiones hay una creencia fundamental de que debe haber algo más en la vida que la simple existencia física que ahora conocemos. A través de las religiones, la gente está buscando la seguridad y la esperanza para el futuro, el perdón de sus pecados, la paz en medio de las luchas, y las respuestas a nuestros más profundos cuestionamientos. Esto es una evidencia real de que el ser humano es mucho más que una especie animal altamente evolucionada porque en él hay un propósito más alto. En relación a esto, la Biblia señala a un Creador, con un propósito personal y determinado, quien implantó en el hombre el deseo de conocerlo a él. Y si de verdad hay un Creador, entonces él se convierte en la representación de la verdad absoluta, y es su autoridad la que establece esta verdad. Es más, el hecho de que la verdad absoluta existe, nos guía a la realidad de que hay un Dios todopoderoso, inteligente, soberano y creativo.

Ya que el relativismo carece de sentido (y esto ya se ha explicado de forma detallada), deben existir algunos absolutos fundamentales del bien y del mal, a pesar de las opiniones de una sociedad dada. Ya que existen desacuerdos entre las diferentes culturas, no podemos asumir que estas verdades son desarrolladas por un grupo particular de gente. De hecho, el único lugar lógico de origen de estos conceptos es algo más universal y al menos más fundamental que una cultura (tiene que provenir de una inteligencia superior y coherente y es Dios mismo).

Afortunadamente sí hay un Creador y él nos ha revelado su naturaleza y su verdad a través de su misma palabra que es la Biblia. Si queremos conocer la verdad absoluta y universal, la única manera de hacerlo es a través de una relación personal con Aquel que clamó ser la Verdad, Jesucristo (Jn. 14:6).

LA PERSPECTIVA DE LA BIBLIA

Lo que creemos acerca de Dios, la Biblia, el bien y el mal, la Creación, entre otros temas similares, tiene un marcado efecto sobre nuestro pensamiento moral y nuestro comportamiento. Sin la creencia en un Creador y en una ley moral que aplique a todos los seres humanos, la única opción que parece quedar es el adherirse a los estándares morales que establezcamos por nosotros mismos. A menos que vivamos en una sociedad dictatorial, somos libres de elegir nuestro propio código moral. Pero, ¿de dónde proviene esa libertad? Para quienes escogen el relativismo, la moralidad es una creación de la humanidad, diseñada para satisfacer las necesidades de las sociedades estables. Todas las especies vivientes están en un proceso de decisión entre la vida o la muerte, elegir qué hacer con el poder y/o la autoridad. Esto finalmente conlleva a un sistema de virtudes y valores. La pregunta es: ¿Qué pasa cuando nuestras decisiones entran en conflicto entre sí? ¿Qué pasa si algo que yo creo que necesito a fin de que mi vida continúe, tiene como consecuencia la muerte de otro o la mía? Si no tenemos un estándar absoluto de la verdad, el caos y el conflicto serán el resultado, si se nos deja por nuestra propia cuenta.

La moralidad afecta nuestras decisiones diarias, y esas decisiones están dictadas por nuestra conciencia. De hecho, la capacidad de diferenciar el bien y el mal es inherente a todo ser humano. Esto es lo que la Biblia enseña: “Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Rom. 2:14, 15).

Por otro lado, el relativismo niega la existencia de un Dios de verdad absoluta que diseñó un estándar para diferenciar el bien y el mal. Además, con el relativismo finalmente no hay una autoridad humana o divina que decida si una acción es positiva o negativa, buena o mala, correcta o incorrecta. Sin embargo, la Biblia dice: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Is. 5:20). Así pues, las consecuencias de la tolerancia con el mal y del rechazo a las leyes de Dios siempre vendrán como un recordatorio divino de su desaprobación.

Definitivamente, la Biblia tiene la razón cuando dice:

“Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Pr. 16:25). 

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jer 17:9, 10).

Con el rechazo de Dios, la verdad absoluta está siendo abandonada. Nuestra sociedad pluralista quiere evitar la idea de que realmente existe un bien y un mal definidos. Esto se evidencia en nuestro sistema judicial deteriorado que tiene más y más problemas para castigar a los criminales de forma efectiva… en nuestros medios de entretenimiento que hacen una exaltación del mal y una burla del bien… en nuestros colegios que enseñan la tolerancia social hacia ciertas conductas que durante siglos han sido catalogadas como negativas, perjudiciales y destructivas. Además, el relativismo moral está fomentando en las personas el aceptar y adoptar el materialismo, la incredulidad, el ateísmo, la vanidad, la falsedad, la mentira, la deshonestidad, la hipocresía, la inmoralidad sexual, la pornografía, la homosexualidad, la infidelidad conyugal, la promiscuidad, el adulterio, la fornicación, la prostitución, el divorcio y el recasamiento, el consumo de drogas, el tabaquismo, el alcoholismo, el aborto, y una serie de pecados que antes fueron considerados como antivalores y que ahora están siendo aceptados como algo “normal” pero claramente están en contra de las leyes de Dios reveladas en la Biblia (Rom. 7:12).

Si alguien habla en contra de los relativismos morales y su filosofía de que “todo vale”, es señalado como un fanático intolerante; sin embargo, esto es hipocresía por parte de aquellos que profesan que todos los puntos de vista son válidos, rechazando aún a aquellos que profesan los absolutos en la moralidad. Para los relativistas morales parece ser que lo único válido es su posición pero quien enseñe absolutos morales, un Dios absoluto, o lo absoluto de lo correcto y de lo equivocado, está condenado a la ignorancia, a la represión, al escarnio público y al aislamiento social.

El pararse al borde de un precipicio nos da una buena perspectiva del terreno abajo pero dar un paso hacia el precipicio, como lo hace el relativismo moral y cultural, es simplemente desastroso y estamos viendo las fatales consecuencias en la sociedad de hoy porque los antivalores han tomado cada vez más fuerza en las nuevas generaciones (los niños y jóvenes que se están levantando).

Contrario al relativismo, la Biblia dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Rom. 12:2).

El principio divino establece que no debemos tratar de imitar al mundo en sus pensamientos o modos de entender la vida; antes bien, debemos transformarnos a la medida de la voluntad de Dios, revelada en la Biblia y comprobada en la experiencia diaria del creyente que camina con Dios, para luego promover una transformación en otros y en el mundo.

“para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Fil. 2:15).

Tristemente, la tendencia del mundo y de muchos llamados creyentes es tratar de darle gusto a la gente y la estrategia más usada es el relativismo moral pero quien usa la Biblia como guía moral es tildado de anticuado, fanático, legalista, poco evolucionado, tradicionalista, obsoleto y cerrado.

Dios no quiere personas que acomodan la Palabra y sus enseñanzas de acuerdo a los tiempos que viven o a la cultura corrupta de este mundo; por el contrario, Dios quiere que vivamos de acuerdo a sus verdades absolutas.

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31, 32).

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Heb. 4:12, 13).

Dios es absoluto y sus enseñanzas también lo son; él no cambia y permanece fiel en la verdad (Mal. 3:6; Heb. 13:8).

PARA REFLEXIONAR

- Resulta fácil ver que las bases de la civilización moderna no fueron construidas sobre una filosofía de relativismo moral. El mismo acto de aprobar una ley y de hacerla cumplir sugiere un estándar fijo al que todo el mundo debe adherirse. Además, todas las leyes humanas involucran algunos principios que se hacen cumplir por sanciones y consecuencias. Los límites de velocidad se hacen cumplir en la mayoría de las carreteras, debido a una convicción moral de que arriesgar las vidas de otras personas es incorrecto. Lo mismo es cierto para los asesinatos, robos, falsos testimonios, fraudes, y toda clase de delitos. Sin embargo, cuando el relativismo moral se vuelve dominante, los principios morales legítimos no son ya las bases de esas leyes. Ya que todo es relativo, entonces estas leyes son solo una cuestión de opinión, y la única razón universal para seguirlas es evadir las consecuencias. Esto estimula a las personas a buscar formas de "salirse con la suya"; después de todo, es solo la opinión de uno en contra de alguien más.
- Hasta en una sociedad que opera bajo las leyes, cortar la conexión entre esas leyes y un estándar objetivo de la verdad lleva a la ruina moral. Por ende, el relativismo moral hace a la sociedad inestable, ya que los conceptos del bien y del mal de pronto se convierten en una cuestión de cambiar la opinión popular. El peor resultado posible de tal condición es el dictador: un gobernante que abusa de un cambio temporal en la opinión popular para obtener el control, pero no reconoce ninguna autoridad superior a la suya, y ninguna ley más válida que la suya. Otro ejemplo es el siguiente: durante los juicios de Nuremberg, después de la Segunda Guerra Mundial, el problema lógico del relativismo se hizo aparente. Los defensores de los nazis continuamente pedían su exoneración, alegando que solo estaban cumpliendo las leyes de su país. Finalmente, un juez preguntó frustrado: "pero, ¿no hay una ley superior a nuestra ley?" Un relativista moral estaría obligado a contestar que "no".
- El relativismo moral en sí es autodestructivo. Lógicamente, debe existir algún estándar con el cual comparar dos afirmaciones morales diferentes para determinar cuál es la "correcta". Elementalmente, los relativistas morales niegan la existencia de tal estándar, y por ello alegan que tales comparaciones son imposibles. Esto ocasiona el problema práctico más grande del relativismo, como se mencionó antes: es difícil, si no imposible, sancionar cualquier acción desde una posición de relativismo moral.
- En el mejor de los casos, una vez que lo correcto y lo incorrecto son relegados a cuestiones de opinión, o son puramente subjetivos, cualquier conversación de moralidad se vuelve innecesaria e inútil.
- A pesar es todo esto, Dios ha dejado en la Biblia un estándar definido del bien y del mal y lo encontramos en sus leyes y mandamientos, los cuales fomentan el bienestar del corazón, de la familia y de la sociedad, teniendo como prioridad honrar a Dios por encima de todo (Sal. 119:1-16).

miércoles, 24 de agosto de 2016

¿Cuál es la Verdad? Parte I

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a. Relativismo moral

En el siglo XIX, el filósofo Federico Hegel planteó que todos los seres humanos estamos siendo empujados a vivir bajo normas que otros nos han fijado de lo bueno y lo malo. Para él, la religión se ha dedicado a definir la conducta de cómo debemos vivir, qué debemos pensar y cómo tenemos que actuar, pero Hegel afirmó que no debe haber absolutos morales porque no existe una norma fija para la moral. Del planteamiento de este hombre surge lo que a principios del siglo XX se llamó la Ética Relativa o Situacional que quiere decir que nada es malo, ni nada es bueno (todo depende).

El relativismo es la posición filosófica de que todos los puntos de vista son igualmente válidos, y de que toda la verdad es relativa al individuo y a la cultura; por este motivo, ninguna opinión de "lo bueno y lo malo" es realmente mejor que otra. Así pues, no existe ningún estándar definitivo del bien y del mal, y cualquier juicio acerca del bien y del mal es puramente un producto de las preferencias, de la persona, de su entorno y de la sociedad. Por lo tanto, cualquier opinión sobre moralidad o ética está sujeta a la perspectiva cultural de cada persona y es variable. Esto significa que todas las posiciones morales, todos los sistemas religiosos, todas las formas de arte, todos los movimientos políticos, etc., son verdades relativas y subjetivas; por ende, ningún sistema de verdad es más válido que otro, y no existe ningún estándar objetivo de verdad.

Una sociedad que abrace la idea de que no existe ningún "bien" o "mal" definitivo, pierde la habilidad para juzgar objetivamente. En esa condición, la "tolerancia" ha pasado a implicar el apoyo incondicional y consentimiento con todas las opiniones o estilos de vida. Sin embargo, aquellos que eligen ser "intolerantes" no son apoyados ni admitidos. La tolerancia, por lo tanto, se convierte en un "bien absoluto" por sí mismo, lo cual contradice la idea entera del relativismo. De la misma manera, crímenes atroces como violaciones y asesinatos demandan un juicio moral pero el relativismo cultural no puede decir que tales cosas son siempre malas.

¿Puedes imaginarte el desconcierto que habría si no existieran los absolutos en la realidad humana? Toma por ejemplo, la ley de la gravedad. Si ésta no fuera un absoluto, unas veces tú podrías dar un paso y terminar a kilómetros en el cielo, y la siguiente ocasión, no podrías mover tu cuerpo. Piensa acerca de la confusión que ocasionaría si los números no tuvieran valores absolutos; por ejemplo 2 + 2 ya no siempre sería igual a cuatro. Si no existieran las verdades absolutas, el mundo sería un caos; no habría leyes en la ciencia, todo carecería de significado y no habría normas para medir lo que está bien o lo que está mal. Qué desorden habría, pero afortunadamente sí existe la verdad absoluta y ésta puede ser encontrada y entendida.

Obviamente, existe un relativismo lógico en cuestión de percepciones, opiniones, costumbres, hábitos y vivencias personales que no tienen que ver con la moral (que es la capacidad de diferenciar el bien y el mal). La perspectiva es importante para nuestro entendimiento de la historia, la psicología, y la política, ya que nos puede ayudar a entender por qué ciertas acciones son consideradas como buenas o malas por una cultura en particular. Por ejemplo, una sociedad antigua puede haber considerado el teñirse el pelo de verde como una ofensa reprochable. La mayoría de las sociedades encontrarían esto extraño; aún así, una perspectiva cultural nos podría decir más: si descubriéramos que el cabello de color verde fuera una señal de una prostituta en una comunidad particular, entenderíamos que no era el color del cabello en sí, sino la prostitución lo que verdaderamente era considerado "malo". Sin embargo, el problema de cambiarse de la perspectiva cultural al relativismo cultural es la contradicción del razonamiento que se plantea. Lamentablemente, en vez de decir: "Necesitamos entender la moralidad de otras culturas", dice: "no podemos juzgar la moralidad de otras culturas", sin importar las razones de sus acciones. En ese caso, ya no existe ninguna perspectiva, y se hace literalmente imposible debatir si algo que una cultura promueva o haga está bien o mal. Al practicar un relativismo cultural estricto, no es posible decir que los sacrificios humanos son "malos" o que el respeto por los ancianos es "bueno"; después de todo, “solo son productos de la cultura” pero la contradicción del relativismo cultural se hace inmediatamente visible en todas las áreas del conocimiento humano.

Desafortunadamente, la filosofía del relativismo es dominante en el mundo moderno y es una posición ampliamente admitida. Palabras como "pluralismo," "tolerancia," y "aceptación" han tomado nuevos significados, a medida que los límites de nuestra "cultura" se han expandido. La manera acomodada en que la sociedad moderna define estas ideas ha hecho posible que casi todo sea justificado sobre la base del "relativismo". La sombrilla del "relativismo" cubre una amplia gama de ideas, todas las cuales introducen inestabilidad e incertidumbre en áreas que eran consideradas previamente como resueltas en la definición del bien y del mal.

Si hacemos un análisis de las definiciones de los diccionarios acerca de la palabra VERDAD, una afirmación es verdad cuando corresponde con la realidad; es decir, una afirmación es verdad si coincide con la manera en que el mundo es realmente. Esta es la definición común de la verdad pero cuando se trata de verdad moral hay gente que busca cambiar la definición porque tienen intereses particulares en juego.

UNA ILUSTRACIÓN

¿Cuál es el mejor sabor de helado? La afirmación: "El helado de chocolate es delicioso" puede ser verdadera para mí, pero falsa para usted porque es una afirmación subjetiva de la verdad. Esta afirmación no tiene que ver realmente con el helado, sino conmigo: el sujeto. Está claro que hay verdades subjetivas porque son personales, privadas e individuales y no son aplicables universalmente.

¿Qué ocurriría si dijera: "El helado de mantequilla de cacahuetes con chocolate es beneficioso para la diabetes"? ¿Puede ser esto verdadero para usted, pero no para mí? No, porque en el ámbito de la ciencia, la medicina y la lógica, estos ingredientes no son beneficiosos para la diabetes (por el contrario, pueden ocasionar trastornos en la salud de quien padece esta enfermedad). Esto es una verdad objetiva, una realidad que descubrimos en el mundo externo y que no podemos cambiar según nuestros sentimientos porque en este aspecto no hay verdades subjetivas; los hechos objetivos son lo que son, sin importar lo que sentimos o pensamos de ellos.

Entonces, ¿es subjetiva la moralidad (como la preferencia de un helado) o es objetiva (como la realidad de la diabetes)? ¿Creamos la verdad moral o la descubrimos?

Como se ha explicado, la premisa del relativismo moral es que las verdades morales dependen del individuo o grupo que las sostienen; no existen absolutos morales, ni bien ni mal éticos objetivos porque la moralidad es subjetiva (como las preferencias del sabor de los helados). Por el contrario, el absolutismo moral sostiene que una regla moral es verdadera a pesar de que nadie la crea (así como la insulina controla la diabetes, ya sea que alguien lo sepa o no, lo acepte o no, esté de acuerdo o no). La moral no puede ser creada por convicción personal, ni tampoco desaparece cuando un individuo o cultura la rechaza porque las reglas éticas son objetivas y se cumplen universalmente en todos los casos semejantes.

El relativismo moral degrada la vida humana. Cuando la moral es reducida a preferencias personales, la gente cambia la pregunta: "¿Qué es bueno?" por la pregunta del placer: "¿qué se siente bien?". En lugar de basar las decisiones en "lo que es correcto", las decisiones están basadas en el interés propio y se pueden acomodar a cualquier acto incorrecto. Cuando gobierna el interés propio, esto tiene un impacto profundo en la conducta, especialmente en cómo tratamos a otros seres humanos.

Con el relativismo moral, cualquier cosa está bien. La moral objetiva es reemplazada por la mentalidad de “cualquier cosa está bien, siempre y cuando a alguien le guste”. En otras palabras, “nada al final es malo si usted puede salirse con la suya”.

PROBLEMAS POR RESOLVER

PRIMERO: según el relativismo, nadie puede acceder a la verdad porque no hay verdades absolutas pero, en la práctica, esta simple proposición pretende ser una verdad absoluta y se contradice a sí misma. Si toda moral es igual, entonces ¿por qué tener una postura moral en contra del mal? ¿Por qué defender lo que creo correcto si toda la moral es subjetiva y personal? Por consiguiente, el relativismo en general fracasa cuando es examinado desde una perspectiva puramente lógica porque es contradictorio y absurdo.

SEGUNDO: el relativismo moral no se puede llevar a la práctica. Muchos de nosotros estamos dispuestos a ser relativistas morales cuando es "conveniente" pero tan pronto alguien intenta robarnos lo nuestro o matarnos, rápidamente nos volvemos absolutistas morales al apelar a la justicia. Por lo tanto, si no hay criterios absolutos ni una verdad absoluta y todas las cosas son relativas, entonces el robar es tan bueno como el no robar… el matar a otro ser humano es tan correcto como el no matar a nadie… la crueldad es igual a la ausencia de ella.

¡Qué resultados tan desastrosos tenemos al negar las verdades absolutas! porque si no hay verdades absolutas, entonces realmente nadie puede decir “tú deberías hacer eso”, o “tú no deberías hacer eso”. Si no hay una verdad absoluta, entonces el mismo gobierno no puede imponer leyes a la sociedad. ¿Puedes ver la contradicción y el conflicto que causa esto? Sería un caos total si cada persona hace lo que está bien en su propia opinión. Si no hay una verdad absoluta, y ningún criterio del bien y del mal por el que debamos rendir cuentas, entonces jamás podremos estar seguros de nada. La gente estaría libre para hacer todo lo que quisiera: matar, robar, mentir, engañar, violar, secuestrar, etc. (y nadie podría decir que esas cosas están mal). No podría haber gobiernos ni leyes ni justicia. Un mundo sin absolutos sería un “absoluto” desorden.

Sabemos lo que la gente cree, no por lo que dicen o hacen, sino por cómo quieren ser tratados. Si alguien dice que no cree en la justicia, cuélesele delante en la fila y verá cómo salta a la vista el sentido innato de la justicia que hay en todo ser humano.

Si no hay tal cosa como la verdad absoluta, entonces finalmente no hay nada correcto o incorrecto en ningún aspecto. Lo que puede ser “bueno para ti” no significa que sea “bueno para mí”. Mientras que superficialmente este tipo de relativismo parece ser muy atractivo, si es tomado en su conclusión lógica, pronto prueba ser desastroso. Solo considera por un momento si cada quien estableciera sus propias reglas para vivir e hiciera lo que piense que es correcto. Por ejemplo, ¿qué sucedería si para mí “está bien” el ignorar la luz de los semáforos, aún cuando esté en rojo? De esta manera, pongo en riesgo la vida de otros.

Todos hemos oído la frase favorita del relativista moral: "¿Quién eres tú para juzgar?". Ahora analice la respuesta contundente de un absolutista moral: "Ciertamente, tengo el derecho de hacer juicios morales. Soy una persona racional que está consciente de ciertos principios fundamentales del razonamiento lógico y moral. Pienso que estoy calificado. ¿A quién preferiría usted como juez? ¿A los animales? Su afirmación de que yo no tengo derecho de hacer juicios morales es en sí un juicio hacia mí. Su afirmación, por lo tanto, se auto-refuta y es completamente contradictoria”.

Cualquiera que diga que usted no debe juzgar, ya ha hecho un juicio moral acerca de usted, es decir, que usted está equivocado por juzgar a otros. La próxima vez que alguien diga: "¿Quién eres tú para juzgar?" usted puede contestar preguntando: "¿Quién eres tú para preguntar 'quién eres tú para juzgar"? Si alguien dice: "No se deben hacer juicios morales", hágale esta sencilla pregunta: "¿Es esa tu moralidad? Si es así, entonces ¿por qué me estás imponiendo tu versión de verdad moral si todo es relativo?"

En la práctica, el relativismo cultural no puede sobrepasar los límites de la lógica y tampoco puede invalidar el sentido de la moralidad inherente a la humanidad. Instintivamente sabemos que algunas cosas son malas, así que los relativistas culturales intentan torcer sus filosofías para acomodarlas a esa necesidad. Por ejemplo, decir que algunos valores son "mejores" (aunque no sean "los mejores") aún implica que algunos estándares absolutos están siendo utilizados para hacer ese juicio. ¿Cómo sabe usted qué nube está más alta, a menos que sepa cuál dirección es arriba? El decir firmemente que algo está siempre equivocado es rechazar el relativismo mismo. Al final, aquellos que insisten en aferrarse al relativismo cultural deben deshacerse de la lógica porque no hay espacio para ambos. Es literalmente imposible para una persona el creer racionalmente que no hay absolutos morales y al mismo tiempo practicar su creencia.

TERCERO: otro de los problemas con la negación de la verdad absoluta o universal es el hecho de que todos los seres humanos tenemos un conocimiento limitado y una mente finita, y lógicamente no tenemos la facultad por nosotros mismos de hacer declaraciones de negativos absolutos. Por ejemplo, una persona no tiene la facultad ni la autoridad para decir que Dios no existe (aunque muchos lo hacen), porque para decir eso, ellos necesitarían tener un conocimiento absoluto del universo entero de principio a fin. Cuando la gente dice que no hay Dios o que no hay una verdad absoluta (lo que apunta hacia lo mismo), si quieren ser objetivos y racionales, lo que deberían decir más bien es “con el limitado conocimiento que tengo, no creo que haya un Dios” o “con el limitado conocimiento que tengo, no creo que exista alguna cosa que sea una verdad absoluta”; esto sería lo más sensato para no hacer afirmaciones incongruentes y sin evidencias claras.

CUARTO: los relativistas morales y las culturas que promueven esta filosofía no pueden mejorar su moral; lo único que pueden hacer es cambiarla. Piense en lo que significa mejorar algo: “hacerse más excelente en algo” pero esto requiere de un estándar externo de comparación. Mejorar el código moral de una sociedad implica que la sociedad cambie sus leyes y valores a semejanza de los de un ideal externo. Si tal estándar no existe, entonces no es posible que el nuevo estándar sea mejor que el original; solo pueden ser diferentes. Una sociedad puede abolir el racismo a favor de la igualdad… puede proporcionar igualdad de derechos para las mujeres… puede garantizar la libertad de expresión y de prensa… pero según el relativismo moral, éstos son simples cambios, no mejoras.

QUINTO: el relativismo moral padece de lo que se conoce como el dilema del reformador. Si el relativismo moral está en lo cierto, entonces las sociedades no pueden tener reformadores morales porque ellos promueven la necesidad de reforma y mejoramiento en el aspecto moral. Por ejemplo: Corrie Ten Boom arriesgó su vida para salvar a judíos durante el Holocausto Nazi, William Wilberforce persiguió la abolición de la esclavitud a finales del siglo XVIII, Martin Luther King Jr. luchó a favor de los derechos civiles en los Estados Unidos y la lista continúa en todos los tiempos de la historia. Si el relativismo moral está en lo cierto, entonces estos reformadores no le aportaron algo útil a la sociedad de su tiempo.

Tome en cuenta lo siguiente: cuando una sociedad adopta el relativismo como su guía de desarrollo, entonces un reformador moral será considerado una persona irracional, incoherente y peligrosa para los planes de algunos (políticos, religiosos, intelectuales, negociantes, etc.) que procuran mantener un código moral acomodado a sus intereses. No obstante, tal mentalidad es defectuosa porque al leer la historia y las reformas sociales relevantes en temas de moral y conducta social, somos testigos de que han tenido lugar verdaderos avances en la búsqueda de una moral objetiva y universal.

SEXTO: los relativistas morales no pueden quejarse del problema del mal, el cual es una de las objeciones más comúnmente citadas en contra de la existencia de Dios. Algunos de los más reconocidos ateos (Bertrand Russell, David Hume, H.G. Wells) concluyeron, basándose en “su interpretación” del mal y del sufrimiento en el mundo, que no hay un Dios, debido al genocidio, al abuso infantil, a los terroristas suicidas, al hambre, a las injusticias, a todos los actos perversos de la gente, etc. El argumento común es que si Dios fuera completamente bueno y todopoderoso, no permitiría que el mal ocurriera. Por tanto, como el mal existe, Dios no debe existir. La fuerza de esta conclusión proviene del hecho de que el mal moral es real y que algunas cosas son objetivamente malas. Sin embargo, si comprendemos bien la naturaleza del mal, tenemos que afirmar que el mal es la perversión del bien. Entonces, el bien puede existir sin el mal pero el mal no puede existir sin el bien; puede existir lo bueno sin lo malo, pero no lo malo (a menos de que exista primero lo bueno). Si la moral (la capacidad de diferenciar el bien y el mal) es en última instancia un asunto de preferencia personal (como el sabor del helado), desaparece el argumento en contra de la existencia de Dios basado en la existencia del mal porque el mal supuestamente es relativo. Si el mal es real, entonces también lo es el bien absoluto, lo que quiere decir que el relativismo moral es incongruente, irracional, falso y no puede ser demostrado, porque la naturaleza de Dios tiene que ser coherente con el bien y sus leyes deben siempre reflejar un rechazo al mal, promoviendo valores y verdades absolutas a favor del bien.

lunes, 15 de agosto de 2016

Las preguntas más importantes Parte II



c. ¿Cuál es el Dios verdadero?

Ya se ha planteado el tema de la existencia de Dios como base para entender quiénes somos y cuál es el propósito de nuestra vida y luego se ampliará de forma más específica cuáles son las evidencias observables que podemos percibir en la naturaleza y en el hombre para comprobar mejor su naturaleza.

En la historia y en la gran mayoría de las civilizaciones y culturas, la gente ha tenido la tendencia a reconocer un ser superior o varios dioses; ahora bien, ¿cuál es el Dios verdadero y cómo reconocerlo? ¿Será el concepto de Dios o de un ser superior el fruto de la mente humana? ¿De tantos libros considerados sagrados se puede tener alguna certeza si alguno es verdadero y congruente con la realidad humana? ¿Quién tiene la razón y quién está equivocado? ¿Todas las creencias son validas?

Dioses y diosas han sido adorados en toda la historia y como se dijo anteriormente, existe una fuerte inclinación del ser humano a buscar, reconocer, adorar y obedecer a un ser superior; de hecho, muchas religiones antiguas surgieron como resultado de este fenómeno. No obstante, en la Biblia se menciona siempre al único Dios como el ser supremo que merece toda adoración, fidelidad y obediencia; de hecho, Jesús habla del Dios único (Jn. 5:44). De igual forma, el apostol Pablo dice: “al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos” (1 Tim. 1:17).

En contraste con el único Dios, la Biblia también refiere la invención humana de múltiples dioses en diferentes pueblos, naciones y culturas pero siempre amonesta a los hombres a adorar al único Dios y a rechazar la adoración a criaturas, a objetos o a imágenes de todo tipo que les atribuyen poder o carácter divino (Éx. 20:3; 23:13, 24; Dt. 4:28; 12:3, 30); obviamente, este mandato divino incluye la prohibición de fabricar dioses de cualquier material (Éx. 20:23; 32:1-4, 8; Lv. 19:4). Precisamente, en la Biblia sabemos que Dios escogió al pueblo de Israel para revelar su nombre y enseñarles sus mandamientos y estatutos (Dt. 4:7). Lamentablemente, la nación de Israel no guardó el pacto que hizo con Dios, se volvió idólatra y vinieron sus juicios contra ellos; muchos fueron dispersados de la tierra que Dios les había dado y otros murieron a manos de las naciones vecinas (Dt. 4:23-28; 8:19; 28:64; 32:16-21). Históricamente sabemos que Dios restauró a la nación de Israel y muchos volvieron a su tierra pero siglos más tarde el Hijo de Dios vino en forma de hombre para traer el evangelio y revelar el plan de salvación para Israel y para toda la humanidad, dando a conocer al Dios verdadero (Jn. 1:18; 14:6; 17:3). Su venida partió la historia en dos porque él demostró su perfección con su vida de obediencia al Padre, y demostró su poder divino con sus obras extraordinarias en milagros, sanidades, liberaciones, resurrecciones y sobretodo al transformar vidas para implantar su reino en el corazón de aquellos que le siguen.
           
En cuanto a la adoración de lo que no es Dios, todas las civilizaciones (en Occidente, en Oriente, en cualquier época de la historia y aún en la actualidad), han inventado un sin número de dioses y diosas.

Por ejemplo, la civilización occidental está muy familiarizada con los dioses y las diosas de Egipto, Grecia, Roma y otras culturas. Al crecer, todos recordamos haber escuchado historias de esas deidades y de sus mitológicas relaciones con seres humanos. En la escuela aprendimos la historia de esas culturas antiguas y la importancia que ellos le daban a la adoración de varios dioses y diosas. ¿Cómo se desarrolló la adoración de esas deidades en estas culturas antiguas?

EGIPTO
Los dioses y diosas de Egipto representan a más de 50 deidades diferentes, la mayoría de las cuales se remontan a tiempos pre-dinásticos. Las tribus antiguas que habitaron en la región adoraban a sus propios dioses particulares, los cuales normalmente estaban personificados por animales. A medida que la civilización egipcia avanzó, las deidades tomaron características humanas. En muchos casos, los dioses y diosas eran representados con cuerpos humanos, aunque mantenían cabezas de animales. Para el comienzo de la Dinastía del Viejo Reino (3100 a.C.), se desarrolló una religión nacional a partir de las primitivas religiones tribales y locales. Sin embargo, cambios continuos en el poder político dieron lugar al estatus cambiante de las deidades egipcias. Generalmente, a medida que diferentes ciudades o regiones llegaban a ser políticamente dominantes, su dios particular también se volvía dominante.

Muchos de los dioses y diosas de Egipto encuentran su origen en varios mitos egipcios de la creación. Estos mitos trataron de explicar el lugar de los egipcios en el cosmos, basándose en la observación de los procesos naturales. Esto era particularmente cierto con respecto al río Nilo y sus patrones de inundación. El desborde del Nilo era crítico para la civilización egipcia. Como resultado, los dioses y diosas identificados con la naturaleza se volvieron comunes en los mitos de la creación egipcios. Algunos de los más comunes mitos de la creación se refieren a Nu o Nun, y describen el revuelto mar de caos que existía antes de la creación. De este caos surgió el dios egipcio del sol, Ra. Ra entonces creó deidades que fueron tanto masculinas como femeninas. A su vez, estas deidades engendraron más deidades, y los recién creados dioses y diosas fueron los responsables de la creación del mundo físico. Ra fue responsable también de la creación de la humanidad; por ejemplo, un mito de la creación hace referencia a que la humanidad fue creada de las lágrimas de Ra.
  
Los dioses egipcios estaban íntimamente ligados a la fuerte creencia egipcia de la vida después de la muerte. A los muertos se les proporcionaba comida, bebida, armas y otros elementos, pensando en sus necesidades. Los miembros de la familia a menudo visitaban las tumbas con regalos continuos. El cuidado adecuado de los muertos era requerido para asegurar la vida eterna. La visión egipcia de la vida después de la muerte tenía varios conceptos diferentes, el más importante de los cuales era el llamado "ba" (comparable a grandes rasgos con la existencia del alma de un individuo). El concepto de "ba" resultaba en la manifestación física de un individuo después de la muerte. Esta manifestación usualmente tomaba la forma de un pájaro. De esa manera, el individuo se volvía parte de la vida perenne de la naturaleza.

La religión de los antiguos egipcios era una siempre cambiante mescolanza de varios dioses egipcios y tradiciones tribales y regionales. Como resultado, existían varias creencias en conflicto. Así pues, no existía ningún conjunto de enseñanzas unificadas (como por ejemplo, en la Biblia). El rey (faraón) era el encargado de determinar la voluntad de los dioses. Con el tiempo, estos conflictos fueron reconciliados y se desarrolló una tendencia hacia el monoteísmo. Esta tendencia llegó a su cenit durante el reinado de Amenhotep IV, cuando estableció a Aten como el único dios universal. Este concepto iba en contra de miles de años de tradición religiosa egipcia. El concepto de un dios único terminó pronto, después de la muerte de uno de sus sucesores, Akenatón. La adoración de dioses múltiples fue restaurada completamente durante el reinado del rey niño llamado Tutanjatón (Tut). Irónicamente, el descubrimiento de la tumba del Rey Tut se convirtió en uno de los más grandes hallazgos arqueológicos de la historia. 

No hay mucho en las creencias religiosas egipcias antiguas que pueda ser comparado directamente con las religiones más grandes en la actualidad, tales como el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam. Sin embargo, los conceptos de la creación divina y de vida después de la muerte son, al menos, temas comunes. Un pensamiento preponderante es que los dioses egipcios, como todos los dioses y sistemas religiosos de creencias, se desarrollaron como resultado del intento de la humanidad de explicar el mundo físico. 

A pesar de esto, la Biblia señala cómo el único Dios, Creador de todo, desecha los dioses egipcios y trae juicios sobre quienes ponen su confianza en ellos (Éx. 12:12; Núm. 33:4).

GRECIA
Los dioses y diosas son parte integral de la mitología griega. Nuestro conocimiento formal de los dioses de los antiguos griegos se remonta a los escritos de Homero en la Ilíada y la Odisea (siglo VIII a.C.). Adicionalmente, muchos académicos creen que los mitos fueron grandemente influenciados por la cultura Micena que existía en Grecia entre los años 1700 y 1100 a.C. Además, existe evidencia de que los comienzos de la mitología griega se remontan a las culturas antiguas del Medio Oriente de Mesopotamia y Anatolia. Existen muchas similitudes entre la mitología de esas antiguas culturas del Medio Oriente y los antiguos griegos.

Los dioses y diosas de la antigua Grecia fueron creados por el hombre para explicar el mundo a su alrededor, actuar como un instrumento de exploración, proporcionar legitimidad y autoridad a la aristocracia antigua griega, y proporcionar entretenimiento para las masas. La religión de los griegos antiguos no tenía una única fuente de escrituras (como por ejemplo, la Biblia). Aún más, los antiguos griegos no creían en la verdad absoluta, como es practicada (por ejemplo, en el Cristianismo). Generalmente, una ciudad-estado griega se dedicaba a un dios o a un conjunto de dioses en particular. Muchas ciudades-estado erigieron templos a sus deidades particulares, y esas deidades eran honradas con festivales y sacrificios de animales. Los dioses y diosas de la antigua Grecia normalmente tomaban forma humana y vivían en una sociedad similar a la sociedad humana. Ellos tenían todas las emociones de los seres humanos y frecuentemente intervenían en la historia humana.

Es difícil ubicar los antepasados de los dioses de la antigua Grecia ya que existen varios mitos de la creación. Una combinación de relatos agrupados por el poeta griego Hesíodo, en el siglo VIII a.C., y un relato escrito por el recopilador de mitos Apolodro, hubiera sido reconocida por la mayoría de los antiguos griegos. En síntesis, se decía lo siguiente: El dios Caos fue el fundamento de toda la creación. De este dios surgió Gea (la tierra), Tártaros (el inframundo) y Eros (el amor). El dios Eros era necesario para juntar a Caos y a Gea para que produjesen un vástago. Caos entonces creó la noche, y el primogénito de Gea fue Urano (dios de los cielos). La unión de Caos y Gea también resultó en la creación de las montañas, los mares, y dioses conocidos como los Titanes. La interacción de estos primeros dioses resultó en la creación de varios otros dioses. Estos incluían a figuras tan conocidas como Afrodita, Hades, Poseidón, y Zeus. Zeus eventualmente hizo la guerra contra su padre (Crono) y los Titanes. Como resultado de este conflicto, Zeus estableció un nuevo régimen en el Monte Olimpo. Zeus gobernaba los cielos, su hermano Poseidón gobernaba los mares, y su hermano Hades gobernaba el inframundo. La creación de los seres humanos es el resultado de mitos en conflicto. Muchas historias de la creación sostienen que los seres humanos surgieron directamente de la tierra. En algunos casos, distintas sociedades griegas tenían sus propios y únicos eventos de la creación. Esto es cierto para los arcadios y los tebas, los cuales atribuyen sus orígenes a diferentes hombres nacidos de la tierra, creados en diferentes áreas. Uno de estos mitos afirma que los humanos fueron creados de la tierra y del agua, ayudados por el Titán Prometeo, con su don del fuego.

Los antiguos griegos creían en un diluvio que destruyó a toda la humanidad (algo similar al relato descrito en la Biblia). En el mito griego, el diluvio tuvo lugar durante la era de Deucalión 1 (1450 a.C.). Deucalión 1 y su mujer, Pirra 1, fueron advertidos con anterioridad del diluvio por venir, y se les mandó construir un arca y llenarla de provisiones. La causa del venidero diluvio era la furia de Zeus hacia la humanidad. Zeus se había indignado con la generación de los humanos, y en particular, con la práctica de sacrificios humanos. Zeus reunió a los dioses y decidió destruir la humanidad con agua. Deucalión y Pirra sobrevivieron al diluvio, flotando en el arca que habían construido. Flotaron en el arca por nueve días y nueve noches y se posaron en una montaña en Fócida. Cuando Zeus se dio cuenta de que el mundo era un charco de aguas estancadas en el cual solo sobrevivieron Deucalión y Pirra, detuvo la lluvia y restauró la tierra. A fin de repoblar el mundo, los dioses le dijeron a los sobrevivientes que echaran piedras sobres sus cabezas. Las piedras de Deucalión se convirtieron en hombres, y las de Pirra se convirtieron en mujeres. Esta re-creación por medio de piedras era utilizada para explicar la dureza de la raza humana.

Existe un gran número de diferencias entre el mito griego y el relato del diluvio descrito en la Biblia. A diferencia del mito griego, Noé y su familia se salvaron junto con suficientes animales para repoblar el planeta. Sin embargo, los dos relatos sostienen que el mundo fue destruido como resultado del pecado de la humanidad, y que la raza humana fue salvada como resultado de unos pocos individuos que llevaron vidas rectas.
  
Los dioses griegos representaban la creencia de los antiguos griegos de que cuando un individuo moría, su aliento vital o psique dejaba el cuerpo para entrar al palacio de Hades (rey de los muertos). En los periodos primitivos de la antigua Grecia, el psique no era igual a la visión cristiana del alma. Una vez que dejaba el cuerpo, el psique era una imagen fantasma que podía ser percibida, pero no tocada. La pared que separaba a los vivos de los muertos era impenetrable. Gradualmente, el concepto de psique se hizo similar al concepto del alma. El alma estaba separada del cuerpo, pero era responsable de la personalidad del individuo y de sus decisiones morales.

Los primeros griegos no creían que las acciones en esta vida de una persona tenían algún efecto en su próxima vida. Sin embargo, para los "Tiempos Clásicos" (480-323 a.C.), predominaba la creencia de que una persona moral sería recompensada en la próxima vida. Al mismo tiempo, se desarrolló la idea de que una persona que transgredía repetidamente la moral merecía un castigo eterno. La preocupación de cómo se iba a pasar la próxima vida condujo a muchos rituales funerarios y ceremonias conmemorativas de los muertos.

La Biblia también registra la religiosidad de los griegos; de hecho Pablo (como judío convertido al cristianismo) manifiesta su inconformidad al ver la idolatría dominante en las poblaciones que tenían la influencia griega en su tiempo (Hch. 17:16-22). Así pues, Pablo les predicó el evangelio y les habló del Dios único y verdadero, Creador de los cielos y la tierra (Hch. 17:23-34).

ROMA
Los dioses y diosas de la cultura de Roma se originaron como deidades sin cara y sin forma que ayudaban a los agricultores en sus trabajos de la tierra. El gran número de dioses y diosas romanos puede probablemente ser explicado por la creencia panteísta del "numen" la cual sostiene que dioses y espíritus habitan en lugares, objetos, y seres vivientes.

Aunque los primeros romanos le daban poca importancia a las personalidades de sus dioses y diosas, sí estaban interesados en sus funciones. Los primeros romanos integraron la adoración de deidades mitológicas en todos los aspectos de sus vidas personales y públicas. Nada muestra mejor la extensión de esta adoración diaria como el culto en el hogar. En este sistema, cada familia tenía un espíritu guardián (un dios familiar). Este espíritu era honrado en todas las actividades de la familia, incluyendo sacrificios durante funerales. La fuerza creativa que engendra a un individuo y le permite crecer, aprender y comportarse moralmente era conocida como el Genio, para los hombres, y la Luna, para las mujeres. Este espíritu permanecía con el individuo hasta la muerte. La adoración de dioses y diosas romanos llegó hasta asignar un espíritu protector a diferentes áreas de la casa. Por ejemplo: Fórculo protege la puerta; Limentino, el umbral, Cardea, las bisagras; y Vesta, la chimenea.

Los dioses y diosas de Roma comenzaron a tomar las formas que reconocemos hoy durante la dinastía de los reyes etruscos que gobernaron en el siglo VI a.C. Durante este periodo, los romanos adaptaron un grupo de tres dioses etruscos como el foco de adoración del estado. Estos dioses eran adorados en el gran templo sobre la Colina Capitolina, y, por esto, vinieron a ser conocidos como la tríada Capitolina. La tríada consistía de Júpiter (Zeus), Juno (Heras), y Minerva (Atenea). Una vez que finalizó el gobierno de la dinastía etrusca en el 509 a.C., Roma se convirtió en una república. La República Romana estaba gobernada por dos magistrados, cada uno era elegido por un periodo de un año. Durante este periodo, el templo Capitolino se convirtió en el foco de la adoración pública.

Cuando el poder de Roma creció y su esfera de influencia se expandió, el Imperio Romano encontró las más antiguas y variadas tradiciones de la mitología griega. Los romanos también entraron en contacto con las creencias de otras culturas del Mar Mediterráneo oriental. Como resultado, los romanos empezaron a adoptar variados dioses extranjeros y costumbres religiosas. En muchos casos, se les dieron templos en Roma a dioses y héroes de culturas extranjeras. La aceptación de dioses y diosas griegos tuvo la influencia mayor en la mitología romana. Las primeras deidades griegas adoptadas por los romanos fueron Cástor y Polideuco en el 484 a.C. Más tarde, en el siglo V a.C., fue introducido el dios griego Apolo. Apolo eventualmente simbolizaría la virtud y austeridad romana. Otros dioses romanos que tomaron características griegas incluían a Diana (Artemis), Mercurio (Hermes), Neptuno (Poseidón), Venus (Afrodita) y Vulcano (Hefesto).

A medida que Roma continuó expandiendo su influencia política y geográfica, continuó asimilando una más amplia variedad de creencias religiosas y costumbres. En algunos casos, la asimilación de un dios extranjero se hacía para llenar un rol particular en la expansión de Roma. Este fue el caso de la diosa Cibeles, cuya adoración fue el resultado directo de la amenaza que Aníbal representaba para Roma. Aún cuando Aníbal fue derrotado eventualmente, la adoración de Cibeles continuó. Los romanos también comenzaron a asimilar la creencia en dioses salvadores de las llamadas religiones "misteriosas". Una de ellas fue la religión persa del Mitraísmo. El dios persa Mitra (dios de la luz y de la sabiduría) ofrecía la salvación mediante la creencia en un alma inmortal. Estas religiones se hicieron populares porque ofrecían un sentido mayor de comunidad que el panteísmo estricto.

La naturaleza de los dioses romanos se expandió de nuevo cuando el Imperio Romano entró en contacto con la creencia de reinado divino. Al principio, los romanos rechazaron la idea de que un gobernante humano debía ser adorado como un dios. En el 44 a.C., Julio César permitió una estatua suya con la inscripción: "El dios no vencido," y se proclamó a sí mismo dictador vitalicio. Ese mismo año, Julio César fue asesinado por ciudadanos que querían ver a Roma regresar a sus ideas republicanas anteriores. El heredero de César, Octavio (Augusto), se proclamó el primer emperador de Roma. Sin embargo, evadió cualquier afirmación de divinidad. De hecho, la idea de que el emperador era divino fue ridiculizada durante gran parte del primer siglo d.C. Sin embargo, cuando el gobierno del Imperio Romano se hizo más autocrático y le dio a los gobernantes poder casi ilimitado, los emperadores eventualmente aceptaron honores divinos. Esta creencia en la divina autoridad del emperador eventualmente condujo al requerimiento de un sacrificio al emperador, como señal de lealtad. El requerimiento de sacrificio al emperador se convirtió en una fuente significativa de conflicto con los primeros cristianos, quienes rehusaron adorar al emperador como a un dios, y por lo tanto, no le ofrecían sacrificios. Esto llevó a la persecución de los cristianos por parte de las autoridades políticas romanas que hacían cumplir la práctica. El periodo de adoración de emperadores romanos como dioses continuó hasta el siglo IV d.C., cuando el emperador Constantino el Grande fue el primer emperador romano que se convirtió al Cristianismo. En el 392 d.C., el emperador Teodosio prohibió definitivamente la práctica de religiones paganas en Roma.

Los dioses griegos continúan impactando a la sociedad moderna, y los efectos duraderos de la civilización antigua griega no pueden ser exagerados. De hecho, la mayoría de las civilizaciones occidentales pueden remontar sus orígenes a la antigua Grecia.
  
Notas:
- Los dioses y diosas de la mitología antigua ya no son adorados por ninguna religión formal en los tiempos modernos. Sin embargo, el legado de las deidades de los egipcios, griegos, y romanos continúa por todo el mundo. Las artes, en particular, han sido grandemente influenciadas por la mitología. Muchas obras de arte muy conocidas, en la pintura, la música, la literatura, y el teatro, utilizan temas de la mitología. Hoy, la influencia de los dioses y diosas antiguos no da señales de disminuir. Los juegos de computadoras frecuentemente utilizan historias de los dioses y diosas antiguos como fondo para sus juegos de búsqueda orientada. Las películas de cine y programas de televisión que utilizan caracteres o temas de la mitología son todavía populares. Parece que los temas morales e intelectuales de las historias detrás de los dioses y diosas antiguos han demostrado ser fácilmente adaptables a muchas culturas, por muchos siglos. Esto demuestra la inherente necesidad de la humanidad de explorar los orígenes, el significado, y la moralidad (lo que refleja la necesidad de la humanidad de explicar el por qué está aquí y a dónde se dirige).
- La Biblia muestra cómo el Hijo de Dios vino en el tiempo cuando Roma estaba en su apogeo y predicó el evangelio para que todas las personas se volvieran al Dios único y verdadero; él no vino a fundar una religión sino a transformar el corazón y la vida de sus seguidores. Cristo vino a traer luz a quienes están en tinieblas (Mt. 4:12-17); tristemente, la mayoría de la gente le tuvo en poco y prefirió seguir en tinieblas porque amaron más el pecado que a Dios (Jn. 3:16-21).
- La idolatría es pecado porque Dios no comparte su gloria con nadie (Sal. 115); el único Dios está en los cielos, llena el universo y es el dueño y Señor de todo pero los dioses inventados por las naciones (no importa qué religión o qué creencias profesen) son vanos porque son obra de manos de hombres (de plata, de oro, o de cualquier material)… tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. Por eso, confiemos en el Dios único y verdadero, él es nuestra ayuda y nuestro escudo; él se manifiesta en nuestra vida diaria, responde a la oración de su pueblo, mueve su mano a favor de quienes confían en él, tiene el poder para bendecirnos en la tierra y para darnos vida eterna más allá de la muerte mediante la obra de Cristo al morir en la cruz para perdonar nuestros pecados y darnos una nueva vida.