viernes, 29 de enero de 2016

El ayuno bíblico Parte II


- Realizarse algún examen médico o un análisis de sangre más confiable
Cierto tipo de pruebas médicas se realizan en ayunas; esto se debe a motivos fisiológicos, ya que se pretende obtener una muestra en condiciones normales y algunos parámetros cambian después de ingerir alimentos (como es el caso del colesterol). También se debe a que los valores de referencia están estandarizados a partir de análisis de población sana y en ayunas.

- Hacer una huelga de hambre en forma de protesta
Hay gente que busca una reacción favorable ante alguna petición a una persona, un grupo de personas o una institución organizada; por tal razón, se abstienen de comer y/o beber para ejercer presión. A veces logran su objetivo; otras veces no.

- Lograr resultados en el ámbito espiritual:
* El ayuno favorece el desarrollo del dominio propio y el autocontrol porque se domina mejor la fuerza de la voluntad.
* Hay mayor sensibilidad espiritual porque se consigue una visión interior más clara y profunda que nos dispone para ser sensibles al Espíritu. Entonces, se puede establecer una comunicación más directa con Dios puesto que se despiertan más los sentidos. Así pues, se promueve la devoción personal, la fe, la entrega y la humillación del alma y el cuerpo ante la presencia de Dios. En este tiempo de ayuno, el alma es más propicia para enfocarse más en la meditación y la oración en comunión con Dios.
* En el ayuno, el corazón se puede abrir mejor al perdón porque favorece la sanación de rencores y resentimientos.
* En momentos de especial necesidad, el ayuno puede ayudarnos a enfocar toda nuestra energía y nuestra atención para buscar a Dios y entender su voluntad, al mismo tiempo que da más fuerza a nuestras oraciones.

-  Presentar oraciones, ruegos y adoración ante Dios
En muchas culturas y religiones se asocia el ayuno a la espiritualidad como una forma de sacrificio, de fortaleza ante las tentaciones, de limpieza de impurezas y se busca un estado de disposición a la oración. Miremos algunos ejemplos:

* Los judíos ayunan actualmente una vez al año (entre septiembre y octubre) en la fiesta del Yom Kippur (significa día del perdón); éste es el día de la expiación, el arrepentimiento y la reconciliación, y es considerado el día más santo y más solemne del año judío (posteriormente, se ampliará esta información).
* Los musulmanes ayunan todos los días durante el mes del Ramadán (el noveno mes del calendario musulmán-entre agosto y septiembre).
* Los mormones ayunan 24 horas el primer domingo de cada mes.
* Hay cristianos que suelen ayunar un día o varios días de forma regular o esporádica (sea individualmente o en grupos).

c. El ayuno fue practicado en el A.T.

El ayuno no es nada nuevo en la sociedad humana porque desde hace miles de años, culturas tanto de oriente como de occidente han practicado diferentes periodos y tipos de ayuno. Asimismo, en el A.T. de la Biblia encontramos múltiples referencias al ayuno. Por ejemplo, la Escritura describe diversas situaciones y ocasiones cuando Israel como nación buscaba a Dios con oración y ayuno pero también lo hicieron personajes del A.T.; miremos lo siguiente:

- Moisés ayunó 40 días 2 veces en el monte Sinaí.

* Después del primer ayuno, Moisés recibe los Mandamientos del Señor escritos en dos tablas de piedra con el dedo de Dios para el pueblo de Israel.

“Cuando yo subí al monte para recibir las tablas de piedra, las tablas del pacto que Jehová hizo con vosotros, estuve entonces en el monte cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua; y me dio Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios; y en ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte, de en medio del fuego, el día de la asamblea. Sucedió al fin de los cuarenta días y cuarenta noches, que Jehová me dio las dos tablas de piedra, las tablas del pacto” (Dt. 9:9-11).

* El segundo ayuno de Moisés fue después que pasara el juicio de Dios sobre Israel por la adoración al becerro de oro. En esta ocasión, Moisés subió al monte Sinaí por orden directa de Dios ya que él había quebrado las primeras tablas que contenían los mandamientos del Señor (Éx. 34:1-3); una vez allí en el monte, Moisés estuvo 40 días y 40 noches sin comer pan ni beber agua y escribió por sí mismo los 10 mandamientos que estaban en las dos tablas anteriores (Éx. 34:28). Este episodio lo narra también Dt. 10:10 señalando que fueron 40 días y noches, al igual que el primer ayuno.

En estos dos periodos de ayuno Moisés intercede por su pueblo y el Señor le concede no castigarlos por causa de sus rebeliones (Dt. 10:10).

Nota: es imposible para el cuerpo humano sobrevivir a un ayuno sin agua por más de 4 días pero aquí vemos la mano de Dios sobre Moisés porque solo la intervención divina en este caso sería la explicación para que Moisés aguantara tanto tiempo sin agua. Así pues, lo más sensato sería pensar que Dios hidrató de forma sobrenatural el cuerpo de Moisés para poder resistir a este periodo de ayuno. Ahora bien, según la ciencia, una persona puede estar 2 meses sin alimentarse como máximo; sin embargo, todo depende de las circunstancias y del clima.

- En la Ley de Moisés, Dios ordenó a los israelitas dedicar un día al año para la reconciliación con él y la idea era afligir el alma ante Dios en oración y arrepentimiento. Este tiempo de recogimiento y retiro espiritual daría lugar a la reflexión para que cada israelita examinara su corazón y su vida ante la presencia de Dios.

“Cuando yo os quebrante el sustento del pan, cocerán diez mujeres vuestro pan en un horno, y os devolverán vuestro pan por peso; y comeréis, y no os saciaréis. Si aun con esto no me oyereis, sino que procediereis conmigo en oposición, yo procederé en contra de vosotros con ira, y os castigaré aún siete veces por vuestros pecados. Y comeréis la carne de vuestros hijos, y comeréis la carne de vuestras hijas” (Lv. 23:26-29).

La abstinencia de comida era requisito de la Ley únicamente en el día de la expiación (Lv. 16:29-34). En este día, todo el pueblo de Israel se afligía delante del Señor y traían ofrenda grata delante de Jehová (Lv. 16); éste era el día en que el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo para ofrecer sacrificios por sus pecados y por los pecados de todo el pueblo y era solo una vez al año. En este día nadie trabajaba y era completo día de reposo, dedicado para Dios y para reconciliación con él. El horario era desde las 6 de la tarde del día noveno (día anterior) hasta las 6 de la tarde del día decimo (día siguiente).

Aparte de este día nacional de ayuno, cada israelita tenía la libertad de optar por esta práctica en otros momentos (2 Sam. 12:16-23). Por otro lado, al regreso del exilio de Babilonia se establecieron cuatro ayunos al año (mes cuarto, quinto, séptimo y décimo) para recordar los días de la cautividad (Zac. 7:1-6; 8:19). Sin embargo, Dios no aprobó la actitud de estos ayunos porque no se hicieron con un corazón recto y anunció que estos ayunos se convertirían en gozo, alegría y fiesta por la restauración del Señor en su pueblo, es decir, que el dolor y la desesperación de su pueblo en estos días de ayuno sería superados por la bendición de Dios.

domingo, 24 de enero de 2016

El ayuno bíblico Parte I


a. ¿Qué es el ayuno?
Antes de estudiar el ayuno a la luz de la Palabra de Dios, debemos saber que la palabra ayuno viene del latin ieiunare que significa abstenerse de comer; la palabra desayuno representa lo contrario del ayuno y se aplica comúnmente a la alimentación que se realiza al comienzo del día y que acaba con el periodo de ayuno que se tuvo durante las horas de sueño (en las vigilias de la noche). Así pues, se llama ayuno al acto de abstenerse total o parcialmente de comer y/o beber por un período de tiempo.

Desafortunadamente, los valores universales del sacrificio voluntario, la negación del yo y el autocontrol son raros y se han ido perdiendo en nuestra sociedad, la cual está más inclinada al entretenimiento, la gratificación y el placer rápido sin mucho esfuerzo. La mayoría de las personas están en constante búsqueda de agradar su apetito de entretenimiento porque viven en constante “aburrimiento”. Hay una actitud de conformismo donde prima el bienestar del yo y la libertad para hacer todo lo que queramos y pensemos, por encima de la idea de negarnos a nosotros mismos y tener dominio propio de nuestros deseos y pasiones; sin embargo, la mayoría de la gente desconoce todos los resultados positivos que puede traer el ayuno.

b. ¿Qué beneficios se pueden obtener del ayuno?

- Mejorar la salud integral del ser humano
* Como el ayuno es un acto que se realiza voluntariamente para abstenerse de probar alimentos por un determinado lapso de tiempo (especialmente de alimentos sólidos), esto permite que el organismo descanse de la función digestiva y actúe en las funciones de eliminación y desintoxicación, activando las capacidades de regeneración y renovación de todo el organismo; es el método de purificación más natural y efectivo que se conoce; por ejemplo, los animales lo realizan cuando se sienten enfermos porque se abstienen de comer hasta que se mejoren y recuperan con mayor facilidad la salud; el organismo indica que no es momento de introducir comida sino de eliminar las sustancias de desecho y los residuos tóxicos acumulados con el tiempo. Es un periodo de eliminación y “limpieza” interna. Este método ayuda a restablecer la armonía y el equilibrio orgánico. Por el ayuno, todo el cuerpo humano, es decir, sus millones y millones de células no gastan energía en la digestión y asimilación de los nutrientes ingeridos, y esa energía que ahorran la invierten en el proceso de limpieza, regeneración y autocuración. De hecho, en el ayuno, variaciones en el nivel de acetona actúan sobre el cerebro, produciendo sustancias que estimulan la capacidad curativa del cuerpo. Así pues, el ayuno restablece la bioquímica y la fisiología normal y sana; la salud no es una situación rígida y estable, sino, más bien, un proceso dinámico, un equilibrio que se renueva constantemente.
* El ayuno incrementa la capacidad digestiva y de asimilación de nutrientes, tanto en el aparato digestivo como en cada una de las células del organismo. El descanso digestivo que ofrece el ayuno favorece la recuperación del aparato digestivo, tanto en su conducto como en las glándulas adyacentes: el hígado, el páncreas y el bazo. Estos órganos son los encargados de transformar las corrientes nutritivas que le llegan desde el tubo digestivo, cambiando las sustancias según las necesidades de todo el organismo. Al permitir este descanso, se aumentará la capacidad digestiva y de asimilación de los nutrientes ingeridos.
* El ayuno da a los órganos de eliminación una oportunidad para ponerse al día en su trabajo. La sobrecarga del organismo ocasionada por muchos años de una alimentación y una forma de vida insanas, dificulta la correcta eliminación de sustancias tóxicas. El organismo se va saturando poco a poco de sustancias de desecho ya que los órganos de eliminación se ven sobresaturados y no cumplen adecuadamente su función. Además, cuando nos mantenemos en un estado continuo de estrés llegamos al agotamiento orgánico, los órganos de eliminación no pueden cumplir su labor por falta de energía y las toxinas se van acumulando en su interior, dando lugar a una profunda intoxicación.  Así pues, en el ayuno se experimentan modificaciones hormonales que estimulan los mecanismos de desintoxicación hepática (en el hígado).
* Mediante el proceso de ayuno, el cuerpo elimina todo lo que no sea vital para su correcto funcionamiento. Produce verdaderamente una autodigestión o autolisis de todas aquellas sustancias perjudiciales que se almacenan y reproducen en su interior. Así pues, el ayuno detiene la ingesta de alimentos que se descomponen en el intestino e intoxican al cuerpo. La ausencia de comida durante el ayuno facilita la desaparición de alimentos descompuestos en el intestino. Cuando los alimentos no se descomponen en el conducto digestivo, no intoxican al organismo y el cuerpo se va sanando.
* El ayuno vacía el tubo digestivo y se deshace de las bacterias de putrefacción. Cuando el conducto digestivo se llena de restos de alimentos que sufren fermentación y putrefacción, aparecen una gran cantidad de bacterias (muchas de ellas perjudiciales para el organismo). El ayuno limpia al tubo digestivo de los restos alimenticios y también de los gérmenes posibles que pueden perjudicar al aparato digestivo y a todo el organismo. Al desaparecer la fermentación y la putrefacción, desaparecen las bacterias que se nutren de los alimentos descompuestos. Las bacterias, habitualmente, son unos organismos oportunistas que se alimentan de la descomposición y muerte celular. Si eliminamos la fermentación y putrefacción intestinal, se quedarán sin comida y desaparecerán. Por ende, el ayuno evita cualquier infección bacteriana en el intestino; al eliminar los restos de nutrientes mal digeridos y fermentados, deja sin “alimento” a millones de bacterias que podrían perjudicar al organismo.
* El cuerpo se alimenta de las reservas menos esenciales y sacrifica lo menos vivo y mantiene con mucho mimo los órganos más vitales. Debido a esto, se produce una lisis o destrucción de los tejidos malsanos y ocurre con frecuencia una desintegración de quistes, abscesos, bultos, tejidos con pus, flemas, fístulas, abscesos, tumores benignos, etc. debido a que no son vitales y necesarios. Incluso, tiene un gran efecto sobre los tumores malignos. Entonces, durante el ayuno, el organismo primero degrada y quema las sustancias no esenciales para obtener energía. Cuando el organismo físico no tiene comida, los tejidos se utilizan en orden inverso a la importancia que tienen para el organismo. Primero, se utilizan los menos vitales; por ejemplo, la grasa es el primer tejido en desaparecer. Para suministrar nutrientes a los tejidos más vitales, como el cerebro, los nervios, el corazón y los pulmones, las reservas almacenadas se utilizan antes de emplear cualquier tejido funcional del organismo.
* El ayuno permite un descenso (o pérdida) de peso, lo que de por sí es de gran ayuda en muchas enfermedades. El descenso de peso puede ser necesario y totalmente recomendable en enfermedades tan diferentes como son: obesidad, diabetes, artrosis, artritis, hipertensión, problemas de la columna vertebral, trastornos cardiacos y respiratorios, etc. Por otra parte, el ayuno aumenta la cantidad de orina eliminada; esto explica la gran cantidad de peso perdida por algunas personas durante los primeros días de ayuno. Ahora bien, existe la creencia de que para adelgazar se debe ayunar como si fuera una fórmula mágica; sin embargo, cuando el ayuno se hace de forma inadecuada puede provocar graves problemas de salud y está asociado a trastornos alimenticios como la anorexia. Por tanto, la mejor recomendación para el control de peso y la salud en general es hacer ejercicio, comer sanamente, evitar el consumo de alcohol y de tabaco porque el ayuno, por sí mismo, no garantiza la pérdida de peso ni el bienestar del organismo (debe ir acompañado de hábitos saludables).
* El descanso fisiológico favorecido por el ayuno permite la conservación y recanalización de la energía vital (la energía que mantiene la vida). Una de las causas que obstaculizan la libre circulación de la energía por el cuerpo son los bloqueos y barreras musculares originadas por tensiones emocionales y psicológicas. Durante el ayuno, el cuerpo elimina estas barreras. De hecho, una de las características propias del ayuno es que disminuye o prácticamente elimina las tensiones musculares. De esa manera, la energía fluye sin trabas y la persona recupera su energía vital. Así pues, el ayuno revitaliza el cuerpo por el ahorro de energía que se hace y permite la conservación de la energía y la canaliza de una forma más adecuada.
* El ayuno ayuda a rejuvenecer células, tejidos y órganos del cuerpo. Con el descanso fisiológico del ayuno, el cuerpo se recupera y se cura a sí mismo. Durante el ayuno, las células, los tejidos y los órganos viven un verdadero rejuvenecimiento que incluso se traslada a un rejuvenecimiento exterior y la persona da la imagen de ser más joven.
* El ayuno no solo reduce el riesgo de enfermedades del corazón y diabetes, sino que también provoca cambios positivos importantes en los niveles de colesterol de una persona. Además, hay estudios científicos que muestran que quienes ayunan al menos 1 vez al mes durante 24 horas tienen 39% menos riesgo de sufrir enfermedad de las arterias coronarias que quienes no ayunan (y ésta es una de las principales causas de muerte tanto de hombres como mujeres). “El ayuno provoca hambre y estrés; en respuesta, el organismo libera más colesterol lo cual le permite utilizar grasa como fuente de energía, en lugar de glucosa”, explica Benjamin Horne, coautor de la investigación. A su vez, esto disminuye el número de adipocitos (células de la grasa) en el organismo. “Esto es importante porque cuanto menos células grasas tenga el organismo, menos probabilidad de sufrir hipercolesterolemia, resistencia a la insulina, o diabetes”, agrega el investigador.
* Durante el ayuno, la capacidad del organismo para disolver los coágulos aumenta considerablemente. Este proceso, denominado fibrinolisis, no permite que se produzcan problemas tales como trombosis o embolias.
* El ayuno aumenta la capacidad inmunológica del organismo, con el cual se activan más las defensas para contrarrestar enfermedades de forma más efectiva. Esto ayuda al organismo a vencer las infecciones de forma más adecuada.
* El ayuno ayuda a cambiar el estado mental, favoreciendo una expansión de la consciencia. Todas las antiguas culturas de la humanidad, tanto de occidente como de oriente, han utilizado el ayuno como uno de los mejores métodos para la expansión de la consciencia. El ayuno nos da un tiempo para interiorizar (un momento para mirar hacia dentro). Muchos de los místicos de la humanidad eran partidarios y conocedores de los grandes beneficios del ayuno a nivel de la consciencia. Por el contrario, una comilona pesada o un banquete con alcohol y licores embota la consciencia y da sueño, y te lleva a la inconsciencia.
* El ayuno ayuda a aumentar la fuerza de voluntad, la estabilidad psicológica y la autoconfianza. Además, favorece la claridad de la mente y el autoconocimiento.
* El ayuno ayuda a mejorar la percepción por los sentidos. Durante el ayuno, hay una amplia renovación de los órganos de los sentidos. Muchos ayunantes señalan la mejoría de su capacidad de ver, escuchar, oler y gustar. El ayuno despierta la sensibilidad, los sentidos, la percepción del mundo y favorece el despertar de la consciencia. Además, con el ayuno aumenta la capacidad de captar el gusto natural a los alimentos sanos.
* Definitivamente, el ayuno es una disciplina física y mental poderosa porque nos enseña la necesidad de autorregular la forma como nos alimentamos y esto es beneficioso para mejorar nuestros hábitos alimenticios.

Resumen:
* Hemos visto de forma resumida las más importantes ventajas de hacer un ayuno, como principal herramienta para mantener y recuperar la salud. No obstante, siempre se recomienda el control y los consejos de un médico especialista para la atención de situaciones que requieran orientación al respecto.
* El ayuno no es en sí una terapia pero es la mejor manera de poner en descanso fisiológico al organismo. El ayuno realmente no cura; es el cuerpo el que se cura mientras ayunamos. Siempre el poder de curación es algo inherente al organismo vivo y ningún medicamento o médico puede atribuirse los méritos de la curación completa del cuerpo. La curación es una cualidad del ser vivo que mantiene en sí mismo una parte de la capacidad curativa de la naturaleza.
* La curación es un proceso biológico y el ayuno posibilita que el cuerpo ponga en marcha todos los mecanismos de desintoxicación (limpieza) y regeneración. Cuando una persona ayuna, no gasta energía en el proceso de digestión y asimilación de nutrientes y esa energía que ahorra la invierte en los procesos de eliminación y autocuración. Todo ello lo hace guiado por la inteligencia somática, esa misma inteligencia que hace que nuestro corazón lata, de día y noche, que nuestros riñones filtren la sangre de desechos o que el hígado tome las sustancias necesarias para reconstruir el cuerpo y sus funciones y neutraliza las sustancias tóxicas ingeridas, y todo ello, sin que mentalmente o conscientemente tengamos que decirle cómo hacerlo. Esos mismos órganos, al no tener que trabajar en la digestión y asimilación de alimentos, recanalizan su energía hacia los procesos de curación. 

viernes, 22 de enero de 2016

Palabras de vida


Texto base: Hch. 7:17-39

Introducción
Revisando la biografía de Moisés encontramos a un hombre que nació en un tiempo crucial para el cumplimiento de la promesa que Dios dio a Abraham para Israel (v. 17); él nació en medio del crecimiento y la multiplicación del pueblo del Señor (v. 17), nació en medio de cambios sociales y culturales en su época (v. 18), apareció en circunstancias adversas y desfavorables (v. 19), fue agradable a Dios (v. 20), fue criado 3 meses en casa de su padre hebreo (v. 20); fue expuesto a la muerte, es decir, estaba rodeado de peligros de muerte (v. 21); la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo (v. 21). Por tanto, analicemos las capacidades humanas que había en él dentro de este contexto histórico.

1. Las capacidades humanas de Moisés

Moisés fue ubicado en lugares de oportunidad para vivir, crecer, aprender y fue enseñado en toda la sabiduría de los egipcios, quienes en este periodo fueron quizás la civilización más importante y más influyente de la tierra; además, la ciencia de Egipto ha gozado de gran prestigio desde tiempos remotos. La tradición refleja que los hombres sabios de la antigua Grecia habían ido a aprender a Egipto, en donde existía una ciencia respetada y un elevado nivel de conocimientos científicos, aunque mezclados algunas veces con prácticas mágicas:
- Entre todas las ramas de la ciencia que desarrollaron, en la que más avanzaron fue en las matemáticas. En el papiro Rhind hay evidencias de cómo llegaron a dominar suma, resta, multiplicación y división; sin necesidad de memorizar tablas de multiplicar, resolvían  ecuaciones con una incógnita y solucionaban problemas prácticos bastante complejos.
- La necesidad de volver a marcar los límites de los terrenos de cultivo al bajar el nivel del agua del Nilo, después de las inundaciones anuales, impulsó el desarrollo de la geometría y los instrumentos de medición para el cálculo de áreas, volúmenes e incluso del tiempo.
- Los arquitectos reales, con sus conocimientos de física y geometría, erigieron monumentales edificaciones y organizaron el trabajo de multitudinarios grupos de artistas, artesanos y trabajadores. El tallado, transporte desde las canteras de Asuán y colocación de pesados obeliscos monolíticos de granito o colosales estatuas, implica un alto nivel de conocimientos. La única de las llamadas “siete maravillas del mundo que aún perdura, la pirámide de Jufu (Keops o Giza), es buen ejemplo del grado de perfeccionamiento alcanzado en las ciencias aplicadas.
- Aunque el progreso de la civilización egipcia ha sido de cientos de años, podemos destacar que en el tiempo que vivió Moisés (Ex. 1:11), en estas circunstancias y con estas oportunidades, él tenía el respeto y la admiración de muchas personas por su posición con respecto a la hija de Faraón (v. 22). Probablemente, Moisés era un firme candidato para el trono de Egipto, la nación más poderosa de aquel entonces.

Todo lo que aprendió en Egipto no fue en vano, puesto que encontramos un plan divino en ello:

- Fue equipado para entender su entorno y servir a Dios en él.
- Fue entrenado para conocer la historia y la cultura de esta época con mayor profundidad.
- Fue facultado para acceder a más información y a más documentos escritos (genealogías, tradición oral de generaciones anteriores, idiomas).
- Fue preparado por Dios para que cuando viniese la revelación sobrenatural y la Ley (en el camino hacia la tierra prometida) pudiese escribir bajo su inspiración los 5 primeros libros de la Biblia (El Pentateuco), según lo afirma la tradición judía y según la versión auténtica de nuestro Señor Jesucristo (Lc. 24:44).

Dios se vale de todas estas situaciones para cumplir un plan en la vida de Moisés y por supuesto, en su pueblo escogido (Israel). Sin embargo, lo humano no es suficiente, se requiere el trato divino, el proceso de transformación espiritual y su gracia en el corazón para poder servir con eficacia en los programas de Dios.

2. Las capacidades que Dios da

En Egipto, Moisés calificaba como líder, como maestro, como alguien influyente, prometedor y exitoso; cuando cumplió 40 años de formación, experiencias, conocimientos y logros humanos, él mismo consideró que tenía un llamado como líder (Hch. 7:23-29) pero fracasó en ese momento porque aún no estaba preparado para asumir esta tarea ni era el tiempo de Dios para cumplir su misión: ser un instrumento en las manos del Señor para dar libertad a su pueblo Israel.

Dios tuvo que permitir otro proceso, donde moldeó su carácter y lo equipó para el ministerio durante 40 años más en tierra de Madián (Hch. 7:30). Madián significa lucha o esfuerzo. Es aquí donde Moisés aprende a madurar en medio del sufrimiento, del esfuerzo propio y de la lucha constante, mientras que en Egipto lo tuvo todo: comodidades, facilidades, comida en abundancia, vestido, reconocimiento, fama y popularidad. En Egipto estaba rodeado de personas nobles, ricas, intelectuales, ilustres, y tenía la estima del pueblo egipcio; en Madián estaba rodeado de personas trabajadoras, agricultores, pastores y animales, y quizás no tenía mucho reconocimiento humano, y su oficio fue ser pastor de ovejas, un trabajo abominable para los egipcios (Gn. 46:34).

3. Palabras de vida

Dios llama a Moisés en medio del desierto, cuando ejercía su oficio como pastor de ovejas y le revela un propósito para salvación de Israel (Hch. 7:30-35). El recibió palabras directas de Dios, escuchó la voz del Señor cuando hablaban como dos personas y todo lo que hizo fue bajo la dirección completa de Dios, contando con su respaldo sobrenatural: prodigios y señales (v. 36). Moisés anunció al Mesías y fue un profeta respetado, pues tenía credibilidad debido a la manifestación de Dios sobre él (Hch. 7:37: Dt. 34:10-12).

¿Qué condiciones se dieron en la vida de Moisés para llegar a ser un hombre de este calibre? (Hch. 7)

- Se capacitó según las circunstancias y el contexto cultural en el que vivió (v. 21, 22).
- Entendió que había un llamado celestial (v. 23-25).
- Permitió el trato divino y el proceso de formación (v. 26-30)
- Escuchó la voz de Dios y a pesar de sus evasivas, obedeció el llamado (v. 31-34)
- Asumió la responsabilidad y el liderazgo que Dios le entregó (v. 35).
- Creyó, buscó y recibió el poder de Dios para ser un testigo eficaz en el plan (v. 36).
- Acogió la palabra profética de Dios y la impartió al pueblo (v. 37).
- Estuvo en la congregación (cerca de sus hermanos) y en el monte Sinaí (cerca de Dios) (v. 38).
- Recibió palabras de vida para comunicarlas a Israel (v. 38).

Conclusión
¿Qué capacidades estamos desarrollando en nuestro entorno, en nuestra cultura? ¿Hemos entendido el llamado celestial? ¿Permitimos el trato divino y el proceso de formación? ¿Escuchamos la voz de Dios para obedecer su voluntad? ¿Asumimos la responsabilidad y el liderazgo que nos ha otorgado? ¿Creemos verdaderamente, buscamos y recibimos el poder de Dios para ser testigos eficaces? ¿Acogemos la palabra de Dios para impartirla a otros? ¿Estamos cerca de nuestros hermanos para ayudarles y servirles? ¿Estamos cerca de Dios para conocerle, amarle y servirle de todo corazón? ¿Recibimos palabras de vida para compartirlas con otras personas?

Ciertamente Dios quiere que todos tengamos una experiencia tan cercana como Moisés la tuvo con él. Lastimosamente, somos nosotros los que no propiciamos que Dios nos hable cara a cara, nos muestre sus programas y nos capacite sobrenaturalmente para ser todo lo que él ha determinado.

Comencemos a buscar a Dios, al Dios de Moisés, en oración intensa, en fe, en esperanza y él se manifestará, nos hablará, nos santificará para ser mansos, obedientes, espirituales, visionarios, intercesores, guerreros, valientes y persistentes como este hombre de Dios.

domingo, 17 de enero de 2016

Una joya de valor para Dios


“Quita las escorias de la plata, y saldrá alhaja al fundidor” (Pr. 25:4). 

Introducción
Dios nos creó con propósitos definidos; somos joyas de valor incalculable para él, cumplimos una función particular en la tierra, somos vasos de honra para el Señor, somos hermosos para él, poseemos una belleza y un precio sin igual aunque a veces nos menospreciemos o nos comparemos con los demás; la estima y la valoración de Dios hacia nosotros por lo que somos y representamos es extraordinaria. Quizás otras personas nos desprecien, nos aíslen, nos rechacen, nos etiqueten como inútiles o nosotros mismos lo hagamos, pero Dios nos conoce, él nos hizo y ha trazado planes específicos con nosotros; no obstante, somos nosotros los que elegimos ser lo que Dios ha diseñado o escogemos ser lo que nosotros deseamos, perdiendo el verdadero sentido de la vida que hemos recibido por un pequeño periodo de tiempo en la tierra.

En las Escrituras se usan diferentes símbolos para representar el valor que Dios nos concede como personas y como instrumentos que él quiere usar para beneficio mutuo en la humanidad; uno de ellos son las joyas.

1. Una joya

Es un objeto precioso que posee cualidades particulares y excelentes. Además, es un artículo necesario para su dueño, quien lo guarda, lo cuida y lo emplea de acuerdo a su utilidad y belleza porque brinda complacencia y satisfacción a quien lo posee. De la misma forma, puede ser utilizada para adornar, embellecer y complementar otros objetos.

Una joya es fabricada por un artesano en diferentes formas, tamaños y materiales según su función; podría tener oro, plata, bronce, piedras preciosas, perlas, entre otros.

Leyendo Pr. 25:4 en otras versiones de la Biblia, se usan términos similares: vaso y copa. Sin embargo, la aplicación es la misma. Por tanto, vamos a enfocar la enseñanza en el concepto de las joyas.

En la época bíblica, como en la actualidad, se usaban diversos tipos de alhajas muy estimadas tanto por los hombres como por las mujeres (Ex. 11:2). Se daban como regalos (Gn. 24:53), y constituían un artículo importante del botín de guerra (2 Cr. 20:25). Constituían, además, una forma de riqueza, especialmente antes de que empezaran a usarse las monedas (2 Cr. 21:3), y su adquisición traía gran contentamiento para sus dueños (Pr. 3.15). Las piedras se valoraban por su rareza, belleza, y durabilidad; por consiguiente, se les redondeaba y pulía, y a menudo se grababan y labraban.

2. Quita las escorias de la plata

La plata es un mineral blanco brillante y es maleable, es decir, se puede moldear en diversas formas. Esta técnica se usa en la fabricación de utensilios y monedas, en joyería y en otros ámbitos.

La plata se extrae de diferentes lugares y se puede encontrar casi puro, pero frecuentemente se halla entre las rocas en un estado natural, bruto, informe o combinado con otros metales (Job. 28:1-11); de allí se lleva a la fundición para ser moldeada según se requiera. Para este proceso se mete al crisol para que se derrita; el crisol es un recipiente que se emplea para fundir alguna materia a temperatura muy elevada. Al efectuar este trabajo, aparece visible la escoria, una sustancia translúcida que flota en el crisol y procede de la parte menos pura de los metales. La escoria representa las cosas viles y de ningún valor; por este motivo, la plata cobra su valor y estima si es purificada completamente de toda escoria porque su finura y calidad eran probadas (Sal. 12:6; Zac. 13:8,9; Mal. 3:3). Muchas veces, la refinación de la plata se asocia al sufrimiento, las pruebas y las situaciones difíciles que atraviesan los creyentes (Sal. 66:10; Pr. 17:3).

Algunos utensilios y elementos relacionados con la plata que se mencionan en las Escrituras son:

- La copa de José (Gn. 44:22): usada para satisfacer la sed.
- Las trompetas de plata (Nm. 10:2); usada para llamamiento y dirección divina.
- La lengua del justo (Pr. 10:20): usada para expresar palabras valiosas y apreciadas.

La plata no se empaña en una atmósfera pura y se pule hasta ofrecer una imagen como la de un espejo. Así pues, cuando somos limpios de toda maldad debemos conservarnos puros y ser transparentes ante Dios y ante los hombres, como un espejo en donde ellos se vean reflejados y se sientan movidos a un cambio de vida.

Las joyas y utensilios de plata eran forjados, trabajados y luego llevados al lugar donde serían usados (Jer. 10:9). Muchos creyentes son fundidos por el Señor para cumplir su voluntad en ellos pero no permiten que Dios les purifique y muchas veces son excluidos de sus bendiciones (Jer. 6:27-30; Is. 1:22).

3. Y saldrá alhaja al fundidor

En el capítulo 25 de Proverbios se habla acerca de la enseñanza para un rey: se le invita a escudriñar los asuntos divinos (v.2); se señala una acción que implica  responsabilidad para quitar la escoria, para purificarse a sí mismo y purificar el reino. La purificación del orden social (v. 5) es comparada con la purificación del orden natural (v. 4). Así como hay que purificar el mineral de su escoria, también hay que purificar el trono de la maldad y establecerlo con sabiduría (16:12). Como la separación de las impurezas de la escoria deja pura la plata, así quitar los malos consejeros del rey garantiza un gobierno sabio y próspero.

La plata tiene valor solo después que le han quitado las impurezas. En forma similar, el rey necesita ser limpio de toda maldad para que su trono quede establecido con justicia.

Conclusión
Somos joyas de valor para Dios; somos plata que requiere ser purificada de toda escoria para poder brillar y ser útiles al Señor y a los hombres. Somos reyes y sacerdotes (Ap. 1:6) y el reino de Dios en la tierra debe establecerse en la justicia y en la santidad, siendo nosotros un ejemplo para multitudes de personas que nos miran como joyas de plata, como tesoros de Dios, como hombres y mujeres diferentes, con convicciones claras sobre la vida y el propósito por el cual existimos. Somos utensilios formados, moldeados y refinados por Cristo y por su palabra.

domingo, 13 de diciembre de 2015

La muerte y la vida eterna Parte X


c. ¿Qué es la vida eterna?

Muchas personas realmente no saben lo que es la vida eterna, y les basta el poder llegar a saberlo hasta que mueran. El problema es que si esperamos a morir para saberlo, ya será demasiado tarde, y nos sucederá lo que le aconteció al hombre rico del que habla Jesús en Lc. 16:19-31.

Dios quiere que sepamos lo que es la vida eterna y que la recibamos hoy… no hasta que muramos. ¿Quieres saber que es la vida eterna  y cómo obtenerla? Jesús nos explica…

“Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn. 17:3).

La vida eterna es conocer al Padre y a su Hijo Jesucristo, a quien él envió para salvarnos de la paga del pecado que, en definitiva, es la muerte eterna (Rom. 6:23). Cuando conocemos al Padre y a Jesucristo como Salvador y Señor, obtenemos la vida eterna, la cual empieza en el momento que reconocemos esta verdad bíblica.

Es necesario buscarlo con un corazón dispuesto, abrir las Escrituras y meditar en ellas; ser pobres de espíritu reconociendo que necesitamos conocer al Dios verdadero y no al dios que nos hemos creado con nuestra mente.

Dios quiere que sepamos cómo obtener la vida eterna junto a él, una vida espiritual que comienza en el día que lo recibes en tu corazón.

Es en esta tierra, mientras nuestro cuerpo aún vive, que Dios quiere darnos la vida eterna que empieza cuando lo conocemos a él en una relación personal a través de Jesús.

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna…” (1 Jn. 5:13).

No es para los que creen en dios, en algún dios, sino para los que creen en el nombre del Hijo de Dios, en Jesucristo; éstos son los que tienen desde ahora la vida eterna.

Si aún no tienes la seguridad de la vida eterna, Dios quiere que sepas que la puedes obtener al creer de todo corazón en su Hijo Jesucristo. Recibe el regalo de la salvación hoy y Jesús entrará en tu corazón si tú se lo abres, y el Espíritu Santo te guiará a toda la verdad de la Palabra de Dios; él traerá convicción de pecado a tu vida, recibirás el don del arrepentimiento, sabrás que Jesús fue a la cruz para perdonar todos tus pecados, tus errores y tu ignorancia espiritual, y obtendrás una nueva vida en él y la certeza de la vida eterna. Haz a Jesucristo el Señor de tu vida y decide vivir bajo su señorío, porque él ha venido a darnos vida, y vida en abundancia (Jn. 10:10).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

Hoy podría ser el día de tu muerte…

El tiempo vuela. Los días, las semanas, los meses y los años se deslizan con una velocidad increíble, y se van antes que nosotros nos demos cuenta. Tal parece como si ellos tan pronto han comenzado, ya se acabaron. Los sucesos del día pronto preceden a una distancia pasada. Todo en este mundo es pasajero, nada es estable y duradero.

“Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos” (Sal. 90:9, 10).

Es tan insignificante la vida del hombre en la tierra, en cuanto a la eternidad se refiere, que pudiera compararse con una gota de agua en el inmenso océano.

¿No le parece una necedad que el 90% de la gente gaste todo su tiempo y energía en cosas que se relacionan con esta corta vida, pasando completamente por alto cualquier preparación para la eternidad? 

Estando absorbidos cuidadosamente con las ocupaciones, labores y esfuerzos de la vida, somos más o menos insensibles a la ligereza del tiempo que pasa, del solemne hecho que la vida misma se nos va rápido, y que el fin de nuestra peregrinación terrenal se aproxima veloz y segura. Por eso, debemos ser conscientes de que nuestro tiempo se vuelve corto.

Cuán importante es que mantengamos en nuestra mente que nuestra muerte está siempre en el horizonte, que nosotros estamos separados solo por un latido del corazón, y que cuando llegue la muerte, seremos introducidos a la eternidad de la cual no hay regreso ni escape.

Ya que la muerte es tan común, no dedicamos suficiente pensamiento a esto. Parece que hemos desarrollado un sentido de inmunidad para tal experiencia, porque la muerte parece ser tan vaga, irreal e improbable, y fracasamos al no considerarla seriamente. Al contrario, vivimos como si estuviéramos muy seguros de tener muchos años de vida, cuando la Palabra de Dios fielmente nos advierte: “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día” (Pr. 27:1).

Escuchamos y leemos del gran número de muertos en guerras y en accidentes, enfermedades, de miles de los que se mueren de hambre en el África y en la India, etc. Es más, la estadística habla de aproximadamente 2 muertos por segundo, 120 por minuto, 7200 por hora, 172.800 por día, 5.184.000 al mes y 62.208.000 al año, pero a esto no le dedicamos ningún pensamiento; no significa mucho para nosotros ya que no estamos personalmente envueltos. Un vecino de nuestra calle muere, o uno de nuestros seres queridos fallece. Quizás esto nos hace reflexionar por un momento, pero pronto se nos olvida y continuamos nuestro camino día tras día. Muchos se preocupan solo por lo material y por sus cuerpos pero descuidan totalmente los intereses de su alma que es lo más valioso que poseen.

Jesús dijo: “… ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mr. 8:36, 37).

Muchos se olvidan del valor de su alma y llevan una vida sin propósito en el aspecto espiritual, sin ninguna preocupación en cuanto a la eternidad; aparentemente ellos suponen que de alguna u otra manera todo les saldrá bien al final.

Muchos no están conscientes de su condición perdida. Aunque ellos no consideran ser perfectos, todavía no están enterados de que hay algo muy serio con ellos. Quizás son respetables ciudadanos de bien, y consideran que no son tan malos; quizás apenas leen la Biblia o entran a una iglesia, pero ellos esperan ir al cielo cuando mueran. Algunos admitirán que son pecadores, pero piensan que sus buenas obras sobrepasarán sus malas acciones y que Dios tendrá misericordia de ellos. Algunos se imaginan que todo estará muy bien con ellos porque se unieron a una iglesia, fueron bautizados y toman parte de la Cena del Señor. Por el contrario, la Palabra de Dios nos informa que somos salvos, “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho” (Tito 3:5). Nuevamente se nos dice que “ninguno hay bueno sino uno: Dios” (Mt. 19:17); que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Rom. 3:23), y que la ira de Dios está sobre ellos (Jn. 3:36). Esta es la condición de cada pecador no salvo a la vista de Dios, sea un político, un empresario, un trabajador, un comerciante, un mendigo… sea rico o pobre.

Pon atención a la amonestación divina: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Is. 55:6, 7).

Mira por fe a Cristo mientras tienes tiempo y oportunidad para arrepentirte y permite que él cambie tu corazón y tu vida entera porque es necesario que tengas una nueva vida si quieres entrar al cielo (Rom. 10:13; Jn. 3:3). Tú tienes su promesa: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar” (Mt. 11:28), y “al que a mi viene, no le echo fuera” (Jn. 6:37).

Cristo recibe a los pecadores; él dijo: “porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Mt. 9:13). ¿Vendrás tú a él? “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Cor. 6:2). 

domingo, 6 de diciembre de 2015

La muerte y la vida eterna Parte IX


b. La victoria de Cristo sobre la muerte

Como ya se ha expuesto antes, la muerte física, espiritual y eterna vinieron como consecuencia del pecado de Adán y Eva y del pecado de cada ser humano que ha vivido, vive y vivirá sobre la tierra mientras ésta exista; no obstante, Cristo hizo una obra maravillosa para vencer la muerte en estas tres formas y así nos da perdón de pecados y vida eterna. A continuación se van a ampliar estas verdades bíblicas:

- CRISTO EXPERIMENTÓ LA MUERTE FÍSICA

Cristo adoptó nuestra naturaleza, se hizo hombre y asumió la culpa de nuestros pecados “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb. 2:14). En la Biblia, el poder del diablo siempre se considera como sujeto al dominio de Dios (Job 2:6); por tal razón, de ningún modo Satanás tiene la muerte sujeta a su antojo sino que Dios es el dueño de la vida y solo él tiene el poder de darla y quitarla (Lc. 12:5).

- CRISTO VENCIÓ A LA MUERTE

Cristo vino para poner fin a la muerte en sus tres formas; como indica el pasaje de Heb. 2:14, fue por medio de la muerte que Cristo derrotó a Satanás y fue por medio de la muerte que quitó nuestros pecados y nos justificó por fe y por gracia divina. La Biblia dice: “Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas” (Rom. 6:10).

Sin la obra de Cristo en la cruz, la muerte física es un enemigo invencible y es el símbolo de nuestra separación de Dios; sin embargo, Cristo usó su propia muerte física para librar a los hombres de su poder destructivo; por eso, ellos deben creen en su obra de salvación y así pueden enfrentar la muerte en su nombre y tienen vida eterna en Cristo.

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Cor. 15:55-57).

Cristo es la esperanza de vida porque promete dar la vida eterna (Juan 10:27,28), quita la muerte y saca a luz la vida (2 Tim. 1:10), y tiene las llaves del infierno y de la muerte (Ap. 1:18), lo que significa que obtuvo una victoria absoluta sobre la muerte y sobre la condenación, y tiene en sus manos el juicio de los hombres.

- CRISTO MURIÓ PARA DARNOS VIDA ETERNA

Cristo murió para que los hombres arrepentidos y que creen en su obra de salvación, tengan vida eterna. Por esta razón, el N.T. dice que los creyentes “duermen” en lugar de decir que “mueren” (1 Ts. 4:13, 14). Jesús cargó con todo el horror de la muerte y los que están en Cristo solo duermen al morir, es decir, tienen un tiempo de reposo y luego serán resucitados para vida eterna.

- CRISTO RESUCITÓ ENTRE LOS MUERTOS

Este es el mayor signo de su victoria sobre la muerte.

“Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él” (Rom 6:8, 9).

“Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven” (Rom. 14:8, 9).

La resurrección es el gran acontecimiento triunfal, y la gran nota de victoria en todo el N.T. tiene su origen allí. Observemos que Cristo es llamado el Autor de la vida (Hch. 3:14, 15) y el Verbo de vida (1 Jn. 1:1); por consiguiente, su victoria sobre la muerte es completa, y esa victoria está a disposición de su pueblo.

La destrucción de la muerte es promesa segura de Dios (Ap. 21:4). La segunda muerte no tiene ninguna potestad sobre el creyente (Ap. 2:11; 20:6). El N.T. define la vida eterna no como la inmortalidad del alma en sí misma; más bien, la vida eterna será confirmada en la futura resurrección del cuerpo para estar con Dios o lejos de Dios. Así pues, no hay forma más gráfica de ilustrar el carácter definitivo y completo de la derrota de la muerte que la resurrección de Cristo.

No solamente existe un futuro glorioso, sino que hay un presente glorioso. El creyente ya ha pasado de muerte a vida (Jn. 5:24; 1 Jn. 3:14). El creyente fiel está libre de la ley del pecado y de la muerte y ya no hay condenación para él (Rom. 8:2). La muerte no lo puede separar de Dios (Rom. 8:38, 39). Jesús dijo: “El que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Jn. 8:51). Tales palabras no niegan la realidad de la muerte física; más bien nos encaminan hacia la verdad de que la muerte de Jesús significa que el creyente ha salido completamente de aquel estado de separación con Dios que es la muerte espiritual, y que ha sido introducido en un nuevo estado que es la vida eterna en Cristo. En su momento atravesará la puerta que llamamos la muerte física, pero el aguijón de la muerte (la condenación) ha sido extraído. Por ende, la muerte y la resurrección de Jesús representan la victoria sobre la muerte eterna para sus seguidores.

jueves, 3 de diciembre de 2015

La muerte y la vida eterna Parte VIII



- Otra vez Juan dice: “Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Ap. 14:13. Estos creyentes son bienaventurados al morir en Cristo porque descansan en el cielo”; además, Heb. 4:10 dice: “Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas”. Por otra parte, los que no mueren en Cristo no son bendecidos sino que son desdichados porque no descansan en absoluto, y van al infierno, al lugar de tormentos. ¿Podría hallarse descanso en un lugar de tormentos, horrible, donde cientos y cientos de millones de almas lloran y crujen los dientes por el dolor insoportable que están sufriendo y por su conciencia culpable? Gracias a Dios por Cristo Jesús quien nos salva de este destino terrible y espantoso.
- Pablo dice: “Palabra fiel es ésta: si somos muertos con él, también viviremos con él” (2 Tim. 2:11). ¿Qué quiere decir esto? Que si morimos creyendo en Cristo, vamos a vivir en el cielo con Cristo; y esto inmediatamente después de la muerte. Luego de la resurrección (que sucederá en la venida de Cristo del cielo), obtendremos un cuerpo incorruptible que vestirá nuestra alma actual y con el cual saldremos de los sepulcros, y con ese cuerpo glorificado continuaremos viviendo con el Señor.
- También Pablo dijo: “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Tim. 4:18). Esta era la confianza de Pablo: que el Señor le daría la bienvenida en su reino celestial en el momento de su muerte. Y con esto concuerdan las palabras de Asaf que dijo por la inspiración del Espíritu Santo: “Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás en gloria” (Sal. 73:24).
- Aunque el creyente fiel también experimenta la muerte física, su victoria sobre la muerte en sus tres tipos (física, espiritual y eterna) se manifiesta en la “esperanza de la vida eterna”; miremos lo que dice la Biblia: “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2); “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:7).
- La resurrección del cuerpo físico del creyente fiel será un acontecimiento glorioso porque será el momento en el que su cuerpo será vestido de inmortalidad en la presencia de Dios para vivir eternamente en una comunión perfecta con su Creador.
- La Biblia dice: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Heb. 10:26, 27). Podemos ver claramente el contraste entre la gozosa certeza del creyente y la expectación de juicio del pecador que es contado como adversario y enemigo de Dios porque persiste en el mal y no viene a Cristo con arrepentimiento sincero y genuino propósito de obedecer su voluntad.

Mientras que los pecadores van a un lugar donde van a estar mucho peor que en la tierra, nosotros los creyentes en Cristo, por la gracia de Dios, vamos a ir a un lugar muchísimo mejor. Mientras que los pecadores no saben a dónde van porque caminan en la oscuridad, nosotros sabemos muy bien hacia dónde vamos porque ahora sabemos cuál es el camino que conduce al lugar donde Jesús se fue después de hacer la purificación de los pecados, de acuerdo con lo que Jesús dijo: “Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino” (Jn. 14:4); Jesucristo es el camino que conduce al Padre, y debemos seguir sus pasos para entrar en su reino eterno. ¿Y la muerte? Es lamentable, por supuesto, porque para los que se quedan no es nada agradable ver el cuerpo sin vida de un creyente en Cristo, pero recuerden que “estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Sal. 116:15).

En la eternidad estaremos en la presencia de Dios, dándole alabanza y disfrutando de sus bendiciones gloriosas, llenos de paz y alegría. Allí no hay lágrimas, ni tristeza, ni algún tipo de dolor. Allí, la gloria de Dios ilumina todo y todos, y todo es esplendor y magnificencia.

Otra formar de definir la muerte física del creyente fiel a Dios en la Biblia es comparándola con el acto de dormir. Así como después de un arduo día de trabajo viene el sueño reparador, después de una vida larga y llena de trabajos, Dios nos concede un merecido sueño de descanso (Jn. 11:11-14).

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Ts. 4:13-18).

La muerte no es el fin de todo. La despedida a un ser querido que murió en la justicia de Cristo no es definitiva… es simplemente un “hasta luego”. El cristiano que camina en el Espíritu espera la venida de Cristo en la cual se dará la resurrección de los justos (Is. 26:19).

 “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:40).

Así pues, al resucitar, los creyentes salvos poseerán un cuerpo glorificado y transformado a la imagen de Cristo.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Fil. 3:20, 21).

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria” 1 Cor. 15:51-54.

En ese cuerpo glorioso, no habrá más muerte porque Dios la eliminará para siempre. Al reunirnos con nuestros seres amados que creyeron de verdad en Cristo, lo haremos con la plena seguridad de que nunca más se dirá adiós y que jamás habrá separación; sin embargo, si nuestros seres queridos rechazaron al Salvador y vivieron en el pecado sin un verdadero arrepentimiento, su destino será la condenación eterna.

“Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho” (Is. 25:8).

“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Pero en cuanto a que los muertos han de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven” (Lc. 20:34-38).

En ese cuerpo resucitado no habrá género sexual ni matrimonios ni reproducción porque seremos iguales a los ángeles de Dios; por ende, tendremos la capacidad de volar y desplazarnos a velocidades no conocidas aún por el ser humano porque estaremos en la dimensión espiritual; asimismo, podremos atravesar la materia y podremos viajar a cualquier lugar del universo en cuestión de segundos.

En el cielo compartiremos con Abraham, Isaac, Jacob y con todos los creyentes que alcanzaron la justicia de Dios, mientras que aquellos que no se arrepienten y persisten en el pecado, serán condenados y los veremos en el Juicio Final (Ap. 20:11-15).

“Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mt. 8:11, 12).

En síntesis, hay dos resurrecciones: una para vida (salvación eterna) y otra para condenación (muerte eterna).

“No os maravilléis de esto; porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Jn. 5:28-29).